Premio Juliana Santilli reconoce la práctica que une producción de alimentos y conservación ambiental
Las familias conmemoran el premio como una oportunidad de
visibilizar el proyecto. “Estamos mostrando que nosotros ocupamos una
zona totalmente degradada y estamos recuperando la mata, encima estamos
produciendo alimento sin veneno. Esto demuestra que la reforma agraria
es un proyecto viable, no solamente en la cuestión social, sino también
la ambiental”, comenta Jonas, que es uno de los coordinadores del
campamento.

El campamento, a pesar de tener casas de cemento y energía
eléctrica, todavía se encuentra en proceso de asentamiento. El Instituto
Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA) negocia la compra de
la tierra con los antiguos propietarios.
Recuperación ambiental
“He conocido el área antes de que los hacendados la
usaran para cría de ganado. Era una zona preservada, en el río había
muchos peces y la comunidad cultivaba la tierra para subsistencia”,
recuerda Jonas. Él cuenta que las familias no tenían el documento de
posesión de la tierra y los hacendados empezaron a construir una cerca y
ocupar el territorio. “Así empezamos la luchar por la tierra y hemos
decidido acampar”, completa el agricultor.

En los tres primeros años las familias se resistieron a las
ganas de desistir del área. El río estaba contaminado, el suelo anegado
y el pasto dominaba el paisaje. Si al comienzo hubo dificultades para
producir alimentos para la subsistencia, hoy la perspectiva es aumentar
la producción. La zona degradada por la actividad pecuaria se recupera
lentamente y se evidencia el resultado: en los lotes que ya fueron
cuidados por los agricultores hay árboles grandes y diversos tipos de
plantas, mientras que en las áreas que no fueron manejadas se ve
solamente pasto.
Katya Isaguirre, profesora de derecho ambiental y agrario
de la Universidad de Paraná (UFPR), que acompaña las actividades en el
campamento José Lutzenberger a través del grupo de investigación Ekoa,
incentivó a la comunidad a inscribirse en el premio, junto a otro grupo
de la Pontificia Universidad Católica de Paraná. “Evidentemente la
agroforestería revive la naturaleza y el ejemplo demuestra visiblemente
como el paisaje se recupera al mismo tiempo que los agricultores
producen alimentos saludables que les garantizan condiciones de
autonomía”, afirma.
En
el lugar se pueden encontrar diferentes etapas del sistema agroforestal
y allí se prueban diferentes técnicas de manejo y preparación del
suelo. El primer paso para la recuperación es hacer la “cuna” con
plantas como hortalizas y plátanos. Con el paso del tiempo y el manejo
adecuado del suelo, los agricultores incluyen nuevas plantas de diversos
tamaños.
En
el lugar se pueden encontrar diferentes etapas del sistema agroforestal
y allí se prueban diferentes técnicas de manejo y preparación del
suelo. El primer paso para la recuperación es hacer la “cuna” con
plantas como hortalizas y plátanos. Con el paso del tiempo y el manejo
adecuado del suelo, los agricultores incluyen nuevas plantas de diversos
tamaños.
Jonas Souza resalta que el sistema agroforestal trae varios
beneficios. Más allá de la recuperación y conservación de la mata
atlántica, las familias campesinas pasaron a generar ingresos y consumir
alimentos saludables. “También se benefician aquellos que consumen
estos alimentos, que son principalmente las niñas y los niños de las
escuelas municipales o estatales”, opina.
Alimentación escolar sin agroquimicos
A través de la Asociación Hijos de la Tierra el campamento
atiende escuelas de seis municipios de Paraná vía el Programa Nacional
de Alimentación Escolar (PNAE). Cada semana son enviados a las escuelas
públicas cerca de 1.080 kg de tubérculos, 1.545 kg de frutas, 390 kg de
hortalizas y 45 kg de condimentos. En las escuelas municipales la
cantidad varía según la demanda de la nutricionista escolar y son
enviados, además de los alimentos naturales, dulces, mermeladas y pulpas
de frutas. “Todo producción agroecológica certificada”, destaca Jonas.

Él cuenta que la expectativa para 2018 es crear una
cooperativa y participar de nuevas licitaciones públicas. Hasta el fin
de este año la nueva unidad debe ser finalizada para procesar alimentos y
ampliar la producción. En el actual espacio los alimentos como yuca,
calabaza y palmito son descascarillados, empaquetados e
higienizados. También son producidas mermeladas y pulpas de frutas. “La
productividad se está incrementando y es natural que ocurra: las
familias adquieren más experiencia en la técnica, el mercado se abre
para la producción agroecológica y las agroforesterías empiezan a
recuperarse, nuevas especies empiezan a crecer”.
Paraná destaca en la producción de orgánicos
Según los datos del Ministerio de Agricultura y
Abastecimiento, Paraná es el estado del país con el mayor número de
propiedades rurales orgánicas certificadas, con más de dos mil unidades.
Gran parte de los alimentos orgánicos producidos en el
estado son comercializados por la Cooperativa Central de la Reforma
Agraria de Paraná (CCA-PR), que centraliza 17 cooperativas regionales y
la producción de más de 20 mil familias en los 311 asentamientos
de reforma agraria en el estado. Los alimentos llegan a los consumidores
de diversas formas y este mes la cooperativa presentó la web que
facilita aún más la compra de productos para aquellos que viven en la
capital del estado, Curitiba.
“Hace mucho que Paraná reúne experiencias en la
agroecología y como ejemplo de eso tenemos la Jornada de Agroecología
que está en la 16ª edición”, señala Katya Isaguirre, al referirse a uno
de los mayores eventos nacionales de incentivo a la agroecología, que
ocurrió al final de septiembre. “El trabajo de la Asociación para el
Desarrollo de la Agroecología (AOPA) es otro ejemplo porque reúne grupos
de agricultores familiares de la ciudad de Curitiba y de la región
metropolitana para el acceso a programas como el Programa de Adquisición
de Alimentos y el Programa Nacional de Alimentación Escolar y para la
venta directa en las ferias”, completa.
Edición: Ednubia Ghisi | Traducción: Luiza Mançano