Por Carlos E. Lippo, Resumen Latinoamericano, 31 octubre 2017
El
vecino país de Colombia otrora gran productor y exportador de
esmeraldas y de café, ambas especies producidas con una calidad tal que
le permitía ostentar el primer lugar a escala mundial, ha venido
perdiendo aceleradamente estos sitiales de privilegio desde hace algunos
años.
En
efecto, desde el año 2009 Colombia fue desplazada por Zambia del primer
lugar en la producción mundial de esmeraldas; pero no es sólo eso, sino
que la explotación de tan valioso recurso no se traduce en los
esperados beneficios para el estado y el pueblo colombiano por estar en
manos de organizaciones criminales, según puede deducirse de un informe
de la Contraloría General de la Nación que data de 2014 y señala
textualmente, entre otras cosas, lo siguiente: “…
en los municipios productores de esmeraldas confluyen violencia y
degradación social con poderosos empresarios y grupos armados,
vinculados algunos con bandas de narcotraficantes y paramilitares, que
el estado ha tolerado durante décadas” (1).
El
caso del café es aún más patético ya que Colombia, según datos del año
2015, fue desplazada al tercer lugar mundial de
productores/exportadores, muy por debajo de Brasil y Vietnam, que
ocuparon los lugares cimeros; pero no es sólo eso, sino que existen
fundados indicios de que una parte importante de esa menguada exportación está constituida por café venezolano introducido en ese país de contrabando (2) y que es vendido violando su“denominación
de origen”. Aunque nuestro café es de una calidad igual o superior a
la del colombiano, se estaría consumando una estafa a los consumidores
que obviamente constituye un delito.
De
forma lamentable, Colombia que era conocido internacionalmente a partir
de logros como éstos, ha pasado a serlo a través de una serie de hechos
altamente negativos, una suerte de “anti logros”,
como lo son: su primer lugar mundial en la producción/exportación de
cocaína; su gran cantidad de desplazados internos y de migrantes; su
elevada exportación de mercenarios; y su alcahuete marco legal, promotor
de los delitos de contrabando y ataque a nuestra moneda. En los
párrafos siguientes habremos de presentar en detalle cada uno de estos
aspectos, haciendo énfasis en los que mayor daño nos causan, ya que por
el solo hecho de compartir con ella una frontera de más de 2.200 km., es
imposible que alguno de ellos deje de impactarnos adversamente de
cualquier manera.
Colombia primer productor/exportador mundial de cocaína
Así lo indica el informe “antidrogas” del
Departamento de Estado de Estados Unidos divulgado en marzo de este
mismo año, según el cual en el 2016 los cultivos ilícitos de coca en
Colombia alcanzaron la cifra récord de 188.000 hectáreas, con una
producción potencial de cocaína de 710 toneladas métricas; siendo
necesario apuntar que el mismo informe señala que el 90 % de la cocaína
incautada en Estados Unidos tiene su origen en Colombia(3).
Como desde tiempo inmemorial una parte importante de la producción
colombiana necesita pasar por Venezuela para ser transportada a Estados
Unidos y Europa, esto nos convierte ipso facto en un país de tránsito
para el tráfico de drogas, obligándonos a hacer grandes esfuerzos para
combatirlo, actividad en la que hemos tenido resaltantes éxitos sobre
todo después de que el Comandante Chávez expulsase del país en el año
2005 a la Administración de Control de Drogas de EEUU (DEA), ya que la
inefable agencia gringa estaba usando como máscara la lucha contra las
drogas, tanto para apoyar al mismo narcotráfico como para hacer
inteligencia en contra el gobierno.
Colombia ocupa el primer lugar en el mundo en cantidad de personas desplazadas
Con
una cifra histórica de 7,2 millones, Colombia es primer país del mundo
con el mayor número de personas desplazadas, según el más reciente
informe del Observatorio de Desplazamiento Interno del “Consejo Noruego para los Refugiados” y del “Observatorio de Desplazamiento Interno” (IDMC) (4).
Curiosamente, de esa cantidad, 171.000 desplazamientos ocurrieron
durante el 2016, año en el que se firmaron los convenios de paz con las
FARC, principal ejército popular de liberación del país. En esta
lamentable estadística Colombia es seguida por Siria (país que sufre una
feroz invasión exterior), Sudán, Iraq y República Democrática del
Congo. Es evidente que una parte importante de esta gran cantidad de
desplazados ha atravesado la frontera en busca de mejores condiciones de
vida, pasando a aumentar la abultada cifra de ciudadanos colombianos
que viven entre nosotros. No podríamos terminar este tema sin antes
decir que para el año 2016, el Presidente Maduro señaló que habíamos
recibido alrededor de 100 mil refugiados, señalamiento que fue
confirmado Christian Krüger, director de “Migración Colombia”, quien afirmó que para ese año ese flujo había sido más de 109 mil personas, agregando además un dato más que contundente: “esta cifra ha bajado un 70% frente a años anteriores”, ya que el 2015 “ingresaron a Venezuela 371.521 colombianos” (5).
Colombia es el país con mayor cantidad de emigrantes en la región
Según
la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Colombia es
el país con mayor cantidad de emigrantes en Suramérica, seguido por Perú
y Brasil, y es también uno de los países de la región que recibe menos
inmigrantes (6).
El Ministerio de Relaciones Exteriores estima que 4,7 millones de
colombianos reside actualmente en el exterior, un 10% de su población
total, pero si tomamos en cuenta que sólo en Venezuela vivían alrededor
de 5 millones de ciudadanos colombianos, según señalase el presidente
Maduro en febrero de 2005 (7),
resulta evidente que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia
miente descaradamente sobre este tema. En relación al tema de la
migración colombiana en Venezuela, dice Juan Carlos Tanus, presidente la
asociación “Colombianos y Colombianas en Venezuela”: “Quienes
somos migrantes salimos de Colombia porque no habían buenas condiciones
en ese ámbito para sostener los puestos de trabajo, en Venezuela sí lo
encontramos; nos garantizan el derecho al trabajo” (8). Y
tenemos que añadir nosotros, no sólo se les garantiza el derecho al
trabajo, sino el acceso, como a todos los venezolanos, a todos los
beneficios en materia de salud, educación y vivienda, que la revolución
bolivariana garantiza a los nacionales.
Mercenarios colombianos, producto de exportación
Con la frase anterior titula BBC Mundo una nota fechada en mayo de 2011 (9),
basada en un artículo del diario The New York Time, que da cuenta de
que Irak, Afganistán y Emiratos Árabes Unidos eran algunos de los
destinos de individuos paramilitares formados y reclutados en Colombia
vía Internet, desde inicios de la década pasada. Posteriormente se ha
sabido de la existencia de mercenarios colombianos entre los monstruos
que asesinaron vilmente al Coronel Gadafi (10),
así como también en Siria y hasta en Yemen, vistiendo el uniforme de la
vesánica monarquía saudita. La formación de estos mercenarios en
Colombia, negada en forma recurrente por el gobierno y el ejército de
colombiano, no constituiría delito, ya que ese país no ha suscrito la
convención de Naciones Unidas contra el reclutamiento, la utilización,
la financiación y el entrenamiento de mercenarios. En Venezuela son
innumerables las acciones terroristas de la contrarrevolución ejecutadas
por mercenarios de origen colombiano. En relación a esto, es
emblemático el caso de los viles asesinatos del joven diputado
revolucionario Robert Serra y su asistente María Herrera, en octubre de
2014, perpetrados por una banda paramilitar colombiana dirigida por (a) “El Colombia” (11),
un despreciable sujeto que por cierto habitaba en una de las casi 1,8
millones de viviendas construidas por la revolución en el marco de la
Gran Misión Vivienda Venezuela.
Un marco legal que legitima y promueve el contrabando de extracción desde Venezuela
La Ley 1762 de 2015, eufemísticamente llamada “Ley Anticontrabando” (12), prescri be
en su Artículo 6°, “Favorecimiento y facilitación del contrabando”:
Modifíquese el artículo 320 de la Ley 599 de 2000, el cual quedará así: “Artículo 320. Favorecimiento y facilitación del contrabando. El
que posea, tenga, transporte, embarque, desembarque, almacene, oculte,
distribuya, enajene mercancías que hayan sido introducidas al país
ilegalmente, o que se hayan ocultado, disimulado o sustraído de la
intervención y control aduanero o que se hayan ingresado a zona primaria
sin el cumplimiento de las formalidades exigidas en la regulación
aduanera, cuyo
valor supere los cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales
vigentes… incurrirá en pena de prisión de tres (3) a seis (6) años…”. Entonces, según este artículo, un cargamento con un valor inferior a los USD 12.250 (monto equivalente a esos 50 salarios mínimos calculados en dólares a la tasa del día de ayer), introducido
ilegalmente en Colombia desde Venezuela, no se consideraría como
contrabando, ni quienes lo introduzcan podrían ser objeto de sanción
penal alguna.
Así
mismo, el Artículo 7° de la precitada ley señala: Artículo 7°.
Favorecimiento de contrabando de hidrocarburos o sus derivados.
Modifíquese el artículo 320-1 de la Ley 599 de 2000, el cual quedará
así:
“Artículo
320-1. Favorecimiento de contrabando de hidrocarburos o sus derivados.
El que posea, tenga, transporte, embarque, desembarque, almacene,
oculte, distribuya, enajene hidrocarburos o sus derivados que hayan
ingresado al país ilegalmente, o que se hayan descargado en lugar de
arribo sin cumplimiento de la normativa aduanera vigente, o que se hayan
ocultado, disimulado o sustraído de la intervención y control aduanero cuya cantidad sea superior a veinte (20) galones… se impondrá una pena de prisión de tres (3) a cinco (5) años…”. Ocurre
sin embargo, que como los contenedores (pimpinas) a través de los
cuales se extraen los combustibles de Venezuela a través de las trochas
fronterizas, tienen una capacidad de apenas 5 galones, cualquiera puede
pasar hasta 4 pimpinas sin incurrir en contrabando; ocurre también que
vaciando estas “pimpinas legales” logran llenar grandes contenedores
desde los cuales expenden la gasolina o el diésel en el territorio
colombiano o en el exterior, con la anuencia de ECOPETROL, que es la
petrolera estatal colombiana.
El
connotado economista venezolano Juan Carlos Valdez, con base en datos
suministrados por el Presidente Maduro y el Vicepresidente Arreaza a
mediados de 2015, ha estimado que las pérdidas en las cuales incurre el
estado venezolano por concepto del contrabando de extracción de
derivados de hidrocarburos, alimentos, artículos de higiene y aseo
personal, medicinas, repuestos, etc., ascienden como mínimo a USD
10.000,00 millones anuales (13).
Es evidente que un negocio de tales magnitudes, sólo puede ser manejado
por las mafias del narcotráfico, las cuales al demandar ingentes
cantidades de dinero venezolano en efectivo para pagar las mercancías en
Venezuela, generan además un intenso contrabando de billetes
venezolanos de alta denominación que prácticamente nos dejó sin billetes
de 100 bolívares durante el pasado mes de diciembre y que continúa
llevándose los billetes de mayor denominación de nuestro nuevo cono
monetario.
Un marco legal que promueve la devaluación del bolívar frente al peso en las zonas fronterizas
La
tasa oficial Peso Colombiano/Bolívar establecida el día de ayer por el
Banco de la República de Colombia, que es equivalente a su Banco
Central, fue: 1 Peso Colombiano = 0,003414 Bolívares, o lo que es lo
mismo: 1 Bolívar = 292,91 Pesos Colombianos. Sin embargo, tal tasa de
cambio no se aplica en la frontera ya que con arreglo al artículo 70 de
la Resolución Externa 8 del 2000 (15), emitida por el mismo Banco de la República, “las
tasas de cambio de compra y venta de divisas que apliquen los
intermediarios del mercado cambiario (IMC), son aquellas que libremente
acuerdan las partes en la operación”. Como podemos ver, se trata de
que el estado colombiano ha declinado sus atribuciones en materia de
política cambiaria en las 8 casas de cambio de Cúcuta, controladas por
las fuerzas del narcotráfico y el “lavado” del
dinero proveniente de todo tipo de actividades delictivas, las que de
manera coercitiva determinan esa tasa cambiaria y la divulgan a través
de la página www.bolívarcucuta.com.
Con arreglo a dicha página, al día de ayer, un Peso Colombiano se
cotizaba en 0,14 Bolívares, esto es, a un valor 41 veces mayor que el
valor oficial determinado por el Banco de la República. Con base en una
manipulación de este último valor, quienes editan la misma página
determinan que la cotización del dólar frente al bolívar es de: 1 Dólar =
45.901,64 Bolívares, que pasa a ser un criminal marcador de los precios
en nuestra economía actual.
Lo
señalado en todos los párrafos anteriores es una clara demostración de
cuanto nos afecta el ser vecinos de un país que ha caído en tan severa
crisis de valores. Los dos últimos demuestran además, de manera
indubitable, que el gobierno burgués colombiano ha pasado a ser el más
importante ejecutor de la guerra económica que nos viene aplicando
implacablemente el imperio desde finales del año 2012.
Por
todo lo anteriormente expuesto, si no remato proponiendo el
levantamiento de un muro fronterizo similar al que se vio precisado a
levantar la República Democrática Alemana al inicio de la “Guerra Fría”,
con muchas menos presiones de parte del imperio y sus aliados
occidentales, no es por razones derivadas del Ideal Bolivariano, sino
por los enormes costos que la ejecución de tal proyecto acarrearía en
las actuales circunstancias. En todo caso, como se trata de la
pervivencia de la patria, si voy a ser reiterativo en el planteamiento
del cierre de todos los pasos de nuestra frontera terrestre con
Colombia, con la ejecución de todas las operaciones militares asociadas.
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!