Dic 04, 2017
“Si yo fuera venezolano, no iría al diálogo”, dice, echado desde su alfombra gringa, el perrito, -perdón- el perro canciller peruano,
Almagro también ladró, porque eso de que hablando se entiende la gente no le agrada al amo gringo, quien está acostumbrado a dialogar con perros.
Así, a ladrido limpio, los aliados internacionales profundizan la fractura de la oposición.
Hoy la oposición se divide en dos bloquecitos: los que van al diálogo y los que no.
Estos, a su vez, se subdividen en dialogantes electorales, dialogantes abstencionistas, dialogantes abstencionistas que van a elecciones con tarjetas alquiladas de partidos que ni fu ni fa, los de calle y más calle sin retorno, pero que no salen ni a la esquina, los que saldrían pero no hay quien los acompañe…
Un avión atapuzado, de aquellos que gritaron una vez -¡Te queremos Pedro!-, va para Dominicana.
Su meta: lograr el “canal humanitario”, para que nos traigan al país los alimentos y las medicinas que las sanciones económicas que promovieron ellos mismos no nos han permitido comprar.
Es decir piden la sanción y luego la solución negociada vende patria de esa sanción con el amo.
Un canal humanitario que, inevitablemente, nos recuerda a Libia, hoy convertida en un mercado de esclavos que opera sobre los escombros de ese país.
“Canal humanitario”, el nuevo eufemismo para justificar la intervención internacional y el despojo de la soberanía.
Van al diálogo como perros de alfombra, obligados por su amo. Van a regañadientes, pero van, y mientras estén ahí, gana la paz y ganamos todos.
Viva la paz y la soberanía venezolana!
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