Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
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2 de febrero de 2018

Mil Mercurios… contra Venezuela (+ video)

 Por José Manzaneda

por La pupila insomne
Documentos desclasificados el pasado noviembre aportaron nuevas pruebas sobre la participación directa de la CIA en el golpe de estado de Chile de septiembre de 1973 (1). 
Pero la gran prensa internacional no les ha prestado la menor atención. Quizá porque añaden más evidencias sobre el paralelismo con la situación actual en Venezuela (2). 
No son noticias nuevas. El Informe Church del Senado de EEUU, realizado en 1975, mostró todas y cada una de las acciones de la CIA que pudieron ser probadas hasta aquella fecha (3). Demostró el trabajo conjunto de la Agencia con empresas estadounidenses que vieron afectados sus intereses por las políticas públicas de Salvador Allende, como ITT, Pepsi Cola o Chase Manhattan (4). 
En el Informe se pueden repasar las cantidades con que la CIA financió las campañas electorales de distintos partidos de derecha. En 1964, por ejemplo, el candidato de la Democracia Cristiana Eduardo Frei recibió 3 millones de dólares, que le sirvieron para ganar las elecciones (5). En los siguientes comicios de 1970, el financiamiento secreto no pudo evitar el triunfo electoral de Salvador Allende, que encendió todas las alarmas en la Casa Blanca. 
En pocos días se celebraron varias reuniones de urgencia. En ellas tomaron parte el presidente Richard Nixon, el Secretario de Estado Henry Kissinger, el fiscal general John Mitchell, el director de la CIA Richard Helms, el presidente de Pepsi Cola Donald Kendall y el director del diario chileno “El Mercurio”, Agustín Edwards (6). 
El 15 de septiembre de 1970, Nixon dio a la CIA el permiso para actuar y autorizó los primeros 10 millones de dólares para la guerra sucia. El objetivo, en sus propias palabras: “evitar que Allende asumiera el poder… o derrocarlo” (7). 
La llamada Comisión 40, órgano para las acciones encubiertas, lanzó una campaña diversificada de programas de injerencia en Chile (8): en tres años destinó al menos 8 millones para sostener las huelgas patronales contra el gobierno, para influir en el sindicalismo, para fomentar la división entre los partidos que apoyaban a Allende, para convencer a cargos policiales y militares de la necesidad de un golpe de mano, e incluso para comprar armas y explosivos (9). 
En noviembre de 1970, Richard Nixon afirmó ante su Consejo de Seguridad Nacional: “nuestra principal precupación es que Allende se consolide, y que su imagen ante el mundo sea un éxito” (10). 
Por ello, invirtió mucho dinero en la guerra mediática. La CIA llegó a tener agentes trabajando en varios medios de comunicación de Chile (11). El diario “El Mercurio”, pieza clave en la preparación de la opinión pública para el golpe de Pinochet, recibió de la Agencia al menos un millón y medio de dólares (12). La primera partida, de 700 mil, fue aprobada en septiembre de 1971; la segunda, de 965 mil, en abril siguiente. 
Curiosamente, en aquellas fechas, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), como hoy hace con Cuba o Venezuela, a quien denunciaba por amenazar la libertad de prensa era al Gobierno de Salvador Allende (13). 
"El Mercurio", como "Las Ultimas Noticias", "La Segunda" y tantos otros medios privados, dieron después un apoyo entusiasta a la dictadura de Augusto Pinochet, silenciando o justificando sus crímenes (14). Así defendieron “el derecho a la libertad de prensa” (15). 
Como es bien conocido, Chile sufrió, además, una guerra económica despiadada, que combinó el bloqueo financiero, el ataque a la moneda, la inflación inducida y el acaparamiento de productos por parte del sector privado (16). 
Las similitudes entre la situación actual de Venezuela y la de Chile en aquellos años son tantas y tan evidentes, que explican por qué ningún medio de referencia quiera acordarse ahora de la suerte del Gobierno de Salvador Allende (17). Ni publicar nuevas informaciones sobre la injerencia de EEUU. 
Mientras, el Gobierno de Nicolás Maduro sigue sufriendo el ataque despiadado, simultáneo y sistemático, de todo el aparato mediático internacional. 
Son mil Mercurios… contra Venezuela. 

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