El secretario de Estado norteamericano se
reunirá con el presidente Macri para realizar un nuevo acto de
injerencia contra el país caribeño. Tillerson, exgerente de la petrolera
Exxon y actual canciller del país que más petróleo consume, encabezará
la arremetida contra el país sudamericano que mayores reservas de
petróleo posee.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Rex
Tillerson, visitará Argentina el sábado 3 de febrero y, junto a Mauricio
Macri, encabezará una reunión para “tratar la situación de Venezuela”.
El encuentro representa un nuevo acto de injerencia en los asuntos
internos del país caribeño y se realizará luego de que el presidente
Nicolás Maduro anunciara la realización de elecciones presidenciales
para el mes de abril.
La visita de Tillerson a Argentina se da en el marco de su gira por varios países de América Latina: México, Perú, Colombia y Jamaica.
México, Perú y Colombia son tres países controlados por el narcotráfico y donde la intervención de la DEA lo único que ha logrado es profundizar más la crisis.
En México, la cantidad de muertos y desaparecidos que ha dejado el supuesto combate al narcotráfico se cuenta de a miles. En Colombia, el asesinato de dirigentes campesinos, sociales y de derechos humanos es una constante. La firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) parece haber dejado un terreno fértil para que los paramilitares, los militares y los narcotraficantes tomen a sangre y fuego las tierras liberadas por la guerrilla. Sin embargo, Tillerson no va a ninguno de esos países a hablar de lo que allí sucede.
Tampoco llega a Argentina con la “lluvia de inversiones” prometidas por Macri, y que el pueblo argentino aún espera. Ni siquiera viene preocupado por el caso de Santiago Maldonado, desaparecido tras una represión de Gendarmería y encontrado muerto tres meses después. Ni tampoco por la aparición del presidente Macri y varios de sus funcionarios en las listas de los paraísos fiscales, conocidas como Panamá Papers y Paradise Papers.
El secretario de Estado norteamericano (cargo similar al de canciller en los países de la región) tampoco parece preocupado porque el presidente peruano, Pablo Pedro Kuczynski, estuviera involucrado en el escándalo de Odebrecht o que, para evitar ser destituido, haya decidido indultar al dictador Alberto Fujimori, condenado por crímenes de lesa humanidad.
El jefe de la diplomacia norteamericana llega a la región “preocupado” por la situación en Venezuela.
Tal vez lo que le preocupa a Tillerson es que el gobierno y el pueblo venezolano lograron aislar y controlar a los violentos, que a mediados de 2017 causaron más de cien muertes en las calles del país caribeño. En menos de cuatro meses, el gobierno de Maduro realizó tres elecciones con una participación masiva (en especial si se tiene en cuenta que el voto allí no es obligatorio).
Ahora, mientras avanzan los diálogos con parte de la oposición venezolana y tras la convocatoria a elecciones presidenciales para abril, el Departamento de Estado ha decidido comenzar un nuevo ataque. Y los presidentes del autodenominado Grupo de Lima se prestan a él.
Macri y Santos fueron los mandatarios que más rápido salieron a alinearse con la nueva arremetida. El colombiano aseguró que no reconocerá los resultados de la votación. En la misma línea, durante su gira por Rusia, el argentino afirmó que Nicolás Maduro era “un dictador”.
Esta nueva agresión la encabeza uno de los “dueños del circo”. A mediados del pasado año, luego de que Trump anunciara que no descartaba la opción militar para intervenir en Venezuela, el vicepresidente norteamericano, Mike Pence, realizó una gira por Colombia, Argentina, Chile y Panamá e intentó impulsar sanciones contra el Gobierno Bolivariano. Ahora es el turno del secretario de Estado, y sus alfiles en la región se pelean para transformarse en los preferidos del amo.
Tillerson, exgerente de la petrolera Exxon y actual canciller de Estados Unidos, el país que más petróleo consume, encabezará la arremetida contra el país que mayores reservas de petróleo posee y el productor de petróleo que más cerca está del mercado norteamericano. En ocasiones, el trasfondo de la geopolítica se ve con abrumadora claridad.
La visita de Tillerson a Argentina se da en el marco de su gira por varios países de América Latina: México, Perú, Colombia y Jamaica.
México, Perú y Colombia son tres países controlados por el narcotráfico y donde la intervención de la DEA lo único que ha logrado es profundizar más la crisis.
En México, la cantidad de muertos y desaparecidos que ha dejado el supuesto combate al narcotráfico se cuenta de a miles. En Colombia, el asesinato de dirigentes campesinos, sociales y de derechos humanos es una constante. La firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) parece haber dejado un terreno fértil para que los paramilitares, los militares y los narcotraficantes tomen a sangre y fuego las tierras liberadas por la guerrilla. Sin embargo, Tillerson no va a ninguno de esos países a hablar de lo que allí sucede.
Tampoco llega a Argentina con la “lluvia de inversiones” prometidas por Macri, y que el pueblo argentino aún espera. Ni siquiera viene preocupado por el caso de Santiago Maldonado, desaparecido tras una represión de Gendarmería y encontrado muerto tres meses después. Ni tampoco por la aparición del presidente Macri y varios de sus funcionarios en las listas de los paraísos fiscales, conocidas como Panamá Papers y Paradise Papers.
El secretario de Estado norteamericano (cargo similar al de canciller en los países de la región) tampoco parece preocupado porque el presidente peruano, Pablo Pedro Kuczynski, estuviera involucrado en el escándalo de Odebrecht o que, para evitar ser destituido, haya decidido indultar al dictador Alberto Fujimori, condenado por crímenes de lesa humanidad.
El jefe de la diplomacia norteamericana llega a la región “preocupado” por la situación en Venezuela.
Tal vez lo que le preocupa a Tillerson es que el gobierno y el pueblo venezolano lograron aislar y controlar a los violentos, que a mediados de 2017 causaron más de cien muertes en las calles del país caribeño. En menos de cuatro meses, el gobierno de Maduro realizó tres elecciones con una participación masiva (en especial si se tiene en cuenta que el voto allí no es obligatorio).
Ahora, mientras avanzan los diálogos con parte de la oposición venezolana y tras la convocatoria a elecciones presidenciales para abril, el Departamento de Estado ha decidido comenzar un nuevo ataque. Y los presidentes del autodenominado Grupo de Lima se prestan a él.
Macri y Santos fueron los mandatarios que más rápido salieron a alinearse con la nueva arremetida. El colombiano aseguró que no reconocerá los resultados de la votación. En la misma línea, durante su gira por Rusia, el argentino afirmó que Nicolás Maduro era “un dictador”.
Esta nueva agresión la encabeza uno de los “dueños del circo”. A mediados del pasado año, luego de que Trump anunciara que no descartaba la opción militar para intervenir en Venezuela, el vicepresidente norteamericano, Mike Pence, realizó una gira por Colombia, Argentina, Chile y Panamá e intentó impulsar sanciones contra el Gobierno Bolivariano. Ahora es el turno del secretario de Estado, y sus alfiles en la región se pelean para transformarse en los preferidos del amo.
Tillerson, exgerente de la petrolera Exxon y actual canciller de Estados Unidos, el país que más petróleo consume, encabezará la arremetida contra el país que mayores reservas de petróleo posee y el productor de petróleo que más cerca está del mercado norteamericano. En ocasiones, el trasfondo de la geopolítica se ve con abrumadora claridad.