Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

24 de junio de 2018

Las peores ‘armas melladas’ del capitalismo son las culturales. Por Orlando Cruz Capote*

El tránsito o construcción socialista, del capitalismo al socialismo, rumbo estratégico hacia el comunismo, (1) constituye un prolongado proceso histórico, ético-político, ideológico, socioeconómico, estético y Cultural, con mayúsculas.
Consiste en un radical cambio civilizatorio, de plena emancipación humana y de largo aliento estratégico (extendida temporalidad-espacialidad); antisistémico, contrahegemónico y contracultural al capital; de movimientos tácticos constantes, métodos políticos democráticos de participación activa de las masas; aprendizajes y desaprendizajes, construcciones y deconstrucciones, flujos y reflujos en su interior; perpetuas reformas revolucionarias, (2) revoluciones en la revolución, aunque algunas reformas no conlleven per se a cambios revolucionarios sustanciales, sino que implican ciertas transformaciones en los programas y prácticas acerca del cómo reconstruir el tránsito socialista, formas renovadas de gestionar crisis y la realización de necesarios ajustes acordes a las coyunturas especificas por la que atraviesa; (3) y, en el que existe, igualmente, momentos de amplio consenso nacional, social-popular, (4) y otros, en el que subsisten disensos, más o menos profundos, por diferentes causales, casuales y contextos históricos específicos en su decursar histórico. (5)
Tal transición jamás acontece en línea recta, es decir, unilineal y progresivamente, sino que transcurre de forma zigzagueante, contradictoria y paradójica, con avances, saltos, intermitencias, preservaciones y superposiciones (6) -con contenidos y formas a veces mezclados y yuxtapuestos eclécticamente, pero no dialécticamente sintetizados, estructural y sistemáticamente-; estancamientos, retroacciones y retrocesos que, en circunstancias determinadas, permiten la preservación y sobrevivencia de las esencias; que también comprende la continuidad, la discontinuidad -término categorial omitido en el diccionario histórico, filosófico y político marxista en la contemporaneidad- y la autosuperación crítica en su práctico devenir.
Las viejas relaciones de producción capitalistas, que no desaparecen de golpe aunque se den pasos radicales para romperles las complexas espinas dorsales, concurren inevitablemente en las agrestes nuevas relaciones socioeconómicas, políticas y culturales, con una cuota significante de dependencia y subdesarrollo sistémico -el subdesarrollo tiende a reproducir como regularidad la lógica metabólica del capitalismo subdesarrollado con reminiscencias precapitalistas, tanto en la esfera material como la espiritual, intelectual y cultural- circunstancias en que los hombres y la mujeres tienen que resistir, mitigar y remontar una endémica crisis estructural socioeconómica, en esencia deformada, atrasada y desarmónica, con una limitada e insuficiente dimensión de las fuerzas productivas materiales que se traduce en una baja productividad del trabajo y la obtención de un insignificante excedente económico, donde no puede existir racional ni moralmente la explotación intensa de la mano de obra asalariada, la probabilidad de una distribución equitativa e igualitaria de las riquezas, tampoco el acompañamiento del crecimiento inmediato de la pequeñez del mercado endógeno, así como la capacidad objetiva para desplegar un significativo y básico ahorro interno, entre otros legados y posibles reproducciones metabólicas de la vieja y presente lógica del capital. (7)
A lo que se suma la incapacidad intelectual, entiéndase las carencias de instrucción, educación capacitación científica, tecnológica, y cultural, que permita crear condiciones subjetivas inmediatas que innoven en el campo de las tecnologías, la organización de la producción y en la dirección socialista como un proceso integral.
El socialismo no es, efectivamente, un modo de producción, sino constituye una etapa, o varios períodos, etapas y fases ininterrumpidas e interrelacionadas -no un etapismo evolucionista, mecánico y economicista- en la que pugnan las relaciones sociales de producción capitalistas con las futuras relaciones sociales de producción comunistas. Tampoco puede llamársele a ese tránsito, en su contenido y forma, como relaciones sociales de producción socialistas -si acaso una incipiente formación económica social transicional-, sino la ruta escabrosa hacia el comunismo, que inspira y realiza una revolución cultural, intelectual y moral para, con y por las masas populares que no solo implica el enseñar a leer y a escribir, sino de involucrar en el proceso revolucionario de una manera crítica consciente a millones de trabajadores manuales, intelectuales, campesinos, etc.
Ya Marx había remarcado que las formas redistributivas no pueden percibirse como algo ajeno o separadas al modo de producción, tampoco en el tránsito socialista, que posee muchas esencias fenoménicas del viejo modo de producción, en específico su ‘derecho burgués’, más abarcador en la distribución en el cual permanece por largo tiempo.
Por lo que, el ‘modo de producción’ no debe considerarse estrictamente en el sentido de la reproducción de la existencia física de los individuos, un determinado modo de manifestar su vida, un determinado modo ‘de vida de los mismos’, porque el capitalismo y en las etapas iniciales de su superación, no son solo un modo de producción de bienes materiales, sino constituye un modo de producción de la vida social, un modo de producción de la subjetividad y un modo históricamente determinado, de apropiación material y espiritual, entiéndase cultural, de la realidad por los seres humanos. Resultando errado el tomar como esencial la llamada distribución en la transición socialista y hacer un exagerado hincapié en ella, porque la distribución salarial, por ejemplo, y de los medios de consumo es, en todo momento, un corolario de la distribución de las propias condiciones de producción, que aún no son socialistas en su plenitud.
Exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución -ese ‘asistencialismo’ al que recurren algunos de los gobiernos que conducen los procesos progresistas y populares latinoamericanos- como elemento que conlleve a la igualdad -no al ilusorio igualitarismo- y equidad plena, es totalmente falso.
Entonces, con un carácter vital habrá que implicar y desarrollar, con ciertas indicaciones teórica-políticas rectoras y sin frenar las funciones primarias del Estado, las formas populares de autogobierno, autonomía, autoadministración y auto-organización democráticas, lo que sugiere una colosal descentralización del modelo de Estado y de la administración pública, que aún se practica, lastres pesados obstaculizadores del proceso no sólo por razones objetivas, sino en las transformaciones del cambio de las mentalidades de quienes deben romper inercias y gravedades, rutinas y formalismos, requiriéndose de formas participativas más socializadas, asociativas, cogestionarias, autogestionarias, autonómicas en las cooperativas, las comunitarias, también las sindicales, económicas solidarias, etc., que fortalezcan al poder popular, las organizaciones de masas y sociales, y la re-construcción de un poder desde abajo y horizontalmente -que no es un antipoder, ni un contrapoder, sino una novedosa forma de poder- que amortigüe los métodos de dirección verticalistas, de ordeno y mando, órdenes desde arriba, designaciones a dedo, dictámenes de comando, dirigismos, mandonismos, etc. (8)
Sin embargo, para el socialismo resultará insuficiente -cubano u otro- que la producción nacional aumente no sólo en el sector primario (‘commodities’ o materias primas), según las pautas impuestas por el mainstream del capital internacional, que los trabajadores produzcan más (cantidad y calidad) para beneficio de ellos mismos y de toda la sociedad, de sustituir importaciones y crecer en exportaciones -más allá del modelo Cepalino que tiene sus fundamentos en un capitalismo light-, que las fuerzas productivas logren un elevado desarrollo en medio de un adverso mundo económico-comercial y financiero capitalista transnacional que produce globalmente y fragmenta geográfica y geopolíticamente, que el proceso productivo sea capaz de agregar valor a través de una supremacía tecno-científica amparada por la educación apropiada, rigurosas reglas de propiedad intelectual y la creación incesante de un ‘know how’, ya que estos conocimientos no se transfieren con oportunidad e igualdad hacia los países más atrasados o en vías de desarrollo.
Urgiéndose además de insumos productivos que son adquiridos-elaborados en el exterior, resultando no tan importante que un producto, incluso con relativo valor agregado, lleve el ‘sello nacional’ si este depende de la importación de las elementales materias productivas para su elaboración final, que necesita de cierta financiación externa. Las cadenas de importación, la financiación y las empresas internas tienen que ser lo suficientemente eficientes y coordinadas para que los tiempos de llegada sean coordinados para no sufrir vacíos productivos.
En nuestros días, el valor de uso de los medios de producción, la producción en sí misma y los medios de consumo se deprecian más rápidamente -incluso de forma programada- por lo que se requiere en el tránsito socialista de productos de alta calidad que no cumplan su ciclo de uso productivo de manera acelerada.
Como sociedad en la que predomina la escasez y las restricciones, aunque con una cobertura básica y/o amplia de servicios de salud y educación gratuitas, cultura, deporte, asistencia y seguridad social, etc., propiciadora de oportunidades simétricas para todos, sin embargo, las equidades no se resuelven totalmente y las desigualdades crecen a pesar de esfuerzos titánicos para que no suceda, el ideal comunista (socialista) corre el peligro de transfigurarse en un imaginario popular de filo castrado, que deviene en egoísmo, individualismo y en una crisis de legitimidad ideológica. Ya que, en las distintas etapas transicionales, dialécticamente entrelazadas, prosiguen manifestándose grados de ‘explotación’, aunque quizás encubiertas, y la enajenación-alienación del ser humano y del trabajador.
Una concepción económica angosta, execrable si es pragmática y economicista, que deje a la espontaneidad social la aparición y desenvolvimiento de cambios políticos predecibles, accidentales y no deseados, que los subestime e ignore, invita al albedrio de la burocracia, la corrupción, las prebendas y privilegios de algunos grupos de poder económicos, por ende políticos, que, ante tareas tan urgentes como la descentralización estatal y la mayor participación democráticas, completamente correlativas a la reforma económica, consigan imponer su sello al proceso con un ritmo lánguido de tales transformaciones si ven afectados sus intereses creados.
Tal falla ingenua, visión política estratégica mediocre o el temor a la pérdida de cuotas de poder de algunos sectores y grupos sociales, podría desembocar en una sociedad que, si alcanzara sus metas de crecimiento y desarrollo productivo, tendería a una población de consumo, en muchos casos, excelsa, masas quizás satisfechas materialmente, pero desahogadamente reformistas y posiblemente no revolucionarias, menos socialistas, puesto que ya sería tarde para introducir una visión global del cambio económico que debió estar acompañado siempre de una acción conciente y organizada en el plano político, ideológico y cultural que prepare a hombres y mujeres para la creación de la emancipación humana antisistémica al capital. En ello desempeña un papel esencial, no cuestionable, el Partido de vanguardia en la orientación, conducción, educación y formación de las masas y los cuadros gubernamentales y estatales, así como las organizaciones de masas y sociales.
Como no está pre-escrito cuáles son las ‘dosis’ de capitalismo heredadas y capaces de reproducirse, que pueden mellar [las peores ‘armas melladas’ del capitalismo son las culturales, aspecto que pocos entendieron de la frase del Che Guevara que la redujeron a las económicas, cuando el propio Guerrillero Heroico había adecuado críticamente la contabilidad de los monopolios estadounidenses en Cuba, para crear su sistema presupuestario bajo otros principios, socialistas] de una u otra manera a la transición socialista, sin satanizar las formas de propiedad y gestión no estatales, entiéndase privadas, mixtas, etc., ni tampoco al funcionamiento regulado de las relaciones monetarias mercantiles, el mercado y el dinero, tampoco de cómo saber, exactamente, hasta dónde llegarán las ‘nuevas clases burguesas’ y las ‘castas improvisadas’ burocráticas -como las denominó Leon Trotsky- que resurgen y emergen a lo interno, mientras se comprende sus pretensiones económicas y políticas, en los instantes en que el socialismo se inserta y adapta críticamente al océano hegemónico capitalista, hoy transnacional neoliberal, que le rodea, tal situación reiterativa en los socialismos que se construyeron, implosionaron y los que prosiguen, las incertidumbres señaladas pondrían en riegos enormes al socialismo cubano, porque postergaría la batalla decisiva de quien vence a quien y, mientras, cobraría altos costos políticos e ideológicos.
Finalmente, el tránsito socialista, en su compleja y contradictoria dialéctica, no excluye su comprobada reversión, (9) por causas endógenas y exógenas, o la combinación de ambas variables.
La historia ha demostrado que el asedio, las agresiones miliares e injerencias capitalistas e imperialistas de toda índole, en contubernio con las fuerzas internas que no desean cambiar el statu quo burgués, contra los países que emprenden ese rumbo son ciclópeas, así como sistemáticas las sanciones, extorsiones, chantajes, presiones y condicionamientos, incluyendo el intento de aislarlos política y diplomáticamente, la imposición de bloqueos económicos, comerciales y financieros, el impedirles el acceso a inversiones de capital extranjero, tecnologías de punta, posibilidad de insertarse en mercados regionales e internacionales, grandes limitaciones para acceder a créditos blandos con bajos intereses y el sometimiento invariable y contraproducente a los dictámenes del capitalismo, hoy mundialmente dominante y hegemónico, trasnacional y neoliberal.
A lo que se suma, las grandes campañas mediáticas en su contra, las noticias falsas, tergiversadas y manipuladoras de la realidad, las pretensiones de subvertirlo desde adentro, sufragando a las fuerzas contrarias al mismo e incitando a la contrarrevolución interna para provocar la división, desestabilización y la ingobernabilidad, con el fin último de derrocarlo. (10) La animadversión y mordacidad del establishment del imperialismo estadounidense y su apoyo a la contrarrevolución interna en Cuba, corrobora esta tesis. (11)
A la vez, el viejo e incierto axioma acerca que el socialismo debe convivir eternamente con el síndrome de ‘plaza sitiada’, los “silencios” y “secretismos” infructuosos, con el fin de no brindarle ‘armas al enemigo’, no niega que este se realiza con altos riesgos y acechanzas para la libre autodeterminación nacional y en la construcción de un sistema sociopolítico diferente. Tales alarmas y hechos reales obstaculizan el alcance de la eficiencia, autonomía, eficacia, participación, equidad y justicia social en su total desarrollo, teniendo en cuenta que, en todos los casos, este ha triunfado en naciones de la periferia subdesarrollada capitalista, con un alto grado de dependencia.
Por tales motivos, en el tránsito socialista también se ejerce el dominio y la coerción, ya que, al final, “…toda dominación bien estructurada y establecida, moderna, es cultural”, (12) lo que implica la existencia de relaciones de poder políticas no sólo a nivel estatal sino multiplicadas y capilarizadas en todas las esferas de la vida social, relaciones y acciones que deben ser delimitadas jurídica y éticamente en los marcos del Estado de Derecho, en la amplia socialización / democratización socialista, contra los opositores, adversarios y enemigos -tres categorías diferenciadas entre si- que confrontan su marcha, tanto endógenos como exógenos, con vistas a propiciar su conservación, prosecución y garantía superadora.
En cualquier sistema de dominación y hegemonía -sin excluirse una de la otra- están presentes las complejas, tensas y dinámicas clases sociales, las luchas de clases y las relaciones de poder, macro y micro sociales, económicas, ideológicas, políticas y culturales, aun cuando se ejerza la hegemonía desde el ángulo político y cultural, por lo que es natural que surjan oposiciones y opositores políticos e ideológicos de diversa gradualidad, con distinta formas organizativas y diversos intereses grupales, formales e informales, hoy en redes sociales horizontales que se estructuran en la internet, que casi siempre conforman una masa heterogénea, pero consistente en sus propósitos.
Ellos son parte de los disensos dentro del proceso transicional, consecuencia de las habituales (hasta naturales) no convergencias de algunos grupos y sectores sociales y ciudadanos con las políticas que se practican, que marcan las diferencias, las distinciones y las formas de apreciar los procesos históricos-políticos de disímiles maneras, que contradictoria y paradójicamente ineludibles sirven para palpar los niveles de aceptación del proyecto revolucionario, conocer si se está en el camino acertado y corregir su rumbo. También hace acto de presencia la contrarrevolución abierta y reaccionaria, traidora y mercenaria al servicio de potencias enemigas, que confrontan al nuevo poder político de forma violenta o maneras más sutiles. Se tendrá que determinar bien a cuáles oposiciones enemigas les hacemos frente frontalmente, con quienes debatir para tratar de persuadir, convencer o neutralizar.
Resulta irrefutable el ejercicio de releer las ‘Palabras a los Intelectuales’, pronunciadas por el Comandante en Jefe Fidel Castro en junio de 1961, (13) para percibir como el líder del proceso revolucionario establece un ‘parteaguas dialéctico’ entre patriotas honestos, revolucionarios, antimperialistas y socialistas, con los patriotas, demócratas y progresistas confundidos, los que no estaban de acuerdo con los raudos cauces socialistas, menos comunistas, que tomaba el proceso revolucionario, y los contrarrevolucionarios incorregibles.
Las ideas expresadas por Fidel no constituían una definición mecanicista, menos excluyente y exclusiva para la coyuntura, sino nociones contextualizadas que no estaban destinadas sólo para la intelectualidad orgánica y la que no lo era (la tradicional), tampoco para una política cultural y artística consumada, sino para las diversas políticas culturales que se irían edificando desde los inicios de 1959 hasta hoy, porque obraban más allá de una clase, un grupo y sector social, sino hacia la sociedad en su conjunto. Lo válido de tales mensajes fueron los principios ‘rígidos’ y flexibles enarbolados, y los métodos de políticos de masas persuasivos a utilizar, con el fin de unir y no restar fuerzas a la Revolución en una sociedad que provenía de grandes polarizaciones sociales, políticas, y desigualdades económicas, como país capitalista subdesarrollado sumamente dependiente de los Estados Unidos de América.
La conciencia patriótico-ciudadana, política y revolucionaria no era, es y será semejante para todos los cubanos porque es un proceso en constante deconstrucción y reconstrucción, tampoco evolucionan simétricamente hacia posiciones radicales, de raíces, como especificaba José Martí.
Siempre existirán matices que retan y enriquecen la identidad y la unidad, sin uniformidades, homogeneidades y unanimidades dudosas y falsas. En la conciencia ciudadana del cuerpo societario cubano, pueden manifestarse, y lo hacen, heterogéneos rasgos de nacionalismos: los que prefieren el reformismo moderado, preventivo y pasivo, muy proclives a la salida intermedia, los nacionalismos revolucionarios- patrióticos, socialistas, solidarios, integracionistas nuestroamericanos, tercermundistas e internacionalistas; las ideas antinjerencistas, limitadamente antinorteamericanos (algunos autores la denominan ‘anti (neo)-plattistas’); ‘antimperialistas’ con connotación retórica, pero no anticapitalistas y antimperialistas de razón y convicción. (14)
De la misma manera pueden ser asumidas, de diversa manera, las ideas y prácticas marxistas, tan plurales en su historia, las del propio socialismo con las innumerables cargas semánticas y contaminaciones que lleva en sí mismo (15) luego de tres siglos de existencia.
Consecuente con las Palabras de Fidel, en otro contexto histórico, cuarenta y siete años más tarde, el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el General de Ejército Raúl Castro expresó, en el 2008, que “…No vamos a dejar de escuchar la opinión honesta de cada cual, que tan útil y necesaria resulta, por la algarabía que se arma, a veces bastante ridícula, cada vez que un ciudadano de nuestro país dice algo a lo que esos mismos promotores del espectáculo no harían el menor caso, si lo escucharan en otro lugar del planeta.” (16)
Por mi parte, estoy completamente convencido que cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro enunció su ‘Concepto de Revolución’, el primero de mayo del 2000, del cual nunca seremos participes de analizar por oraciones y frases separadas, pero específicamente el referido que revolución “…es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional…”, (17) no suscribió únicamente a la contrarrevolución interna, porque su pensamiento sólido y profundo estratégicamente no podía reducirse hacia aquellos que abiertamente se oponen al proceso revolucionario, sino que incluía a fuerzas (correlaciones y balances de fuerzas) que, desde supuestamente el campo revolucionario y socialista, consintieran de forma inconciente y conciente a poner barreras al cambio necesario por mentalidad burocrática, ignorancia y miedo a las transformaciones; a los individuos que se desencantan y abandonan ideológicamente las filas del proceso revolucionario socialista, que en un travestismo político abrazan ideas social-liberales, socialdemócratas y republicanas burguesas; a compañeras y compañeros que caen en actos inescrupulosos de corrupción e ilegalidades, quizás por ambiciones personales, familiares o de grupos; otros que sueñan y logran apropiarse de altas y medias responsabilidades para medrar desde el poder político, olvidando que se deben al pueblo que los ha elegido y seleccionado, entre otros ejemplos.
Por lo tanto, los habituales, pero insostenibles malestares latentes contra la intelectualidad y la cultura, la ciencia y el pensamiento en el socialismo, no es un episodio aislado de la lucha de clases, tampoco son simples derivaciones de lo mal que se condujeron los diálogos y conflictos con este sector desde los siglos XIX, XX y el XXI, en los círculos marxistas, obreros y comunistas a nivel internacional y al interior de los países socialistas. (18) Son señales de prepotencia y arrogancia del poder, que tiene sus causales esenciales en doctrinarismos, sectarismos y esclerosis paralizantes que provienen del extinto “socialismo real”.
En el trasfondo de esas miradas prejuiciadas, que no podían ser fidelistas, quien desde 1960, había enarbolado la idea de que “…El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento, porque precisamente es lo que estamos sembrando; lo que estamos sembrando son oportunidades a la inteligencia, ya que una parte considerabilísima de nuestro pueblo no tenía acceso a la cultura, ni a la ciencia…”, (19) han conllevado a que algunos dirigentes y decisores políticos, intelectuales ellos mismos porque han alcanzado niveles de educación medio y universitario, perciban las críticas, los contrapesos, la no obediencia ciega y subordinada de la intelligentsia ante las políticas aprobadas y ejecutadas, como parte del despectivo ‘espíritu vacilante’ de la intelectualidad, incluso la orgánica, y no como el lúcido pensar que se comporta, en ocasiones, abstracto, lejano y escéptico -forma de inconformidad silenciosa-, y la mayoría de las veces activo, participativo, crítico y grandes ansias de hacer, con respecto al escaso realismo y dogmatismo presente en la ideología oficial, que por malabares se convierte en oficialista, la burocracia, los cuadros esquemáticos y las formas de hacer poco democráticas.
Por esos motivos, tan complejos, el Che Guevara afirmó que «…No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni «becarios» que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas», frase que ha tenido una lectura dorsal, pero que es diáfana en el sentido que el intelectual revolucionario debe reflexionar y accionar contra las tendencias quietistas vengan de donde vengan. (20)
Porque ese ‘malestar con la cultura y con el intelectual’ es un rezago y una contradicción entre el grupo de intelectuales situados en posiciones de poder, si es político pues más tenso, y de otro grupo intelectual carente de ese poder.
En otra ocasión el máximo líder expresaría en 1977: “…No es que queramos una sociedad de intelectuales, queremos una sociedad de intelectuales, pero a la vez una sociedad de trabajadores: hombres y mujeres que sepan trabajar con la mente y con los brazos”, (21) lo que hacía recordar aquella frase martiana sobre Antonio Maceo de que tenía tanta fuerza en sus brazos como en su mente, porque Fidel estaba meridianamente convencido que se debía tener confianza en las masas populares, creer en el ser humano por encima de todas las miserias y mediocridades -una de sus virtudes y también una de sus “defectos”, según el Premio Nobel de Literatura, el colombiano Gabriel García Márquez-, y comprendió en esa dialéctica conmocionante que no todos los hombres y mujeres en una Revolución, a pesar de tener buenas intenciones, poseen consciencia plena de sus limitaciones, conocimientos y experiencias para ‘echarse sobre sus hombros’ las enormes responsabilidades de las tareas inherentes a ésta, y por eso recalca en fechas tempranas (1966) que, “…lo más peligroso que puede haber en el campo social no es un ignorante, sino un ignorante que ignora su ignorancia. Un ignorante consciente de sus limitaciones no es peligroso; un ignorante inconsciente sí es peligroso.” (22)
Las incomprensiones hacia los intelectuales, la gente de pensamiento y la cultura, además de constituirse en una clásica problemática socioclasista, también lo es desde el ángulo de las relaciones de poder de amplia gama y no únicamente estatal, partidista y político, sino que se manifiestan en cualesquiera de los niveles de la sociedad, resultado de prejuicios y recelos muchas veces infundados. (23)
Los intelectuales como sector educacional y culturalmente capacitado son, quizás, los más idóneos -no los únicos que ejercen ni remotamente la conciencia crítica-, en conjunto a los políticos y la democracia del pueblo, para organizar, dar coherencia, jerarquizar y sistematizar las corrientes y tendencias de ideas que circulan en la sociedad, donde muchos criterios se vierten fragmentadamente en pequeños nichos sociales, ahora redes digitales; comprender y consensuar en un discurso inteligible las inconformidades, criterios diferentes y opiniones adversas que pueden devenir en inercia, apatía y cierta despolitización y apoliticismo, sin descartar el nihilismo.
Sin embargo, tales epifenómenos no son más que el desiderátum de que las insatisfacciones e inquietudes sociales pueden tomar el rumbo de un conservadurismo y una politización no deseable, pues enmascaran el deseo de que cambien los contenidos y las formas de construir el socialismo para renovarlo, o en su reverso, ideas de convergencias imposibles, centrismos inexistentes, fatuas terceras vías que no son más que los deseos de una restauración capitalista ‘suave’; también señales e indicaciones de que las masas populares imperativamente precisan de una más elevada participación democrática política, no sólo económica, en cuanto a las decisiones de los presupuestos locales, empresariales y centros de trabajo disimiles, de una amplia participación política y social en los diversos asuntos que se manifiestan en el cuerpo societario.
Por lo que en el tránsito socialista no puede existir la menor inhibición y censura arbitraria para el debate y las porfías ya sean más agudas o menos ásperas; teniendo que ser capaces de discernir quiénes las provocan y proponen, los porqués y de qué forma se generan las discusiones según los asuntos que se traten, qué fines se persiguen con los puntos argüidos y la jerarquización en las agendas de las polémicas. Porque, el no saber distinguir, es pecar de ser ingenuos políticamente, lo que sería fatal para comprender posiciones de un tipo o de otro individuo y bando, aunque podamos argumentar en pro y en contra sin llegar a dar por sentado la enemistad de quien asume posicionamientos ambiguos y hasta diferentes.
De igual manera, si la actividad contrarrevolucionaria interna y extranjera se acrecientan y ponen en peligro la seguridad del país y su ciudadanía, la independencia y soberanías nacionales, la justicia social, tanto colectiva e individualmente, pues en este caso, puedan tomarse medidas más severas para salvaguardar la existencia del socialismo.
Porque una revolución social – política, socialista, triunfa, se consolida, resiste activa e innovativamente -que es construcción y reconstrucción objetiva y subjetiva al unísono-, sobrevive, se autovalora y vale si sabe demostrar cómo defenderse con sus propias fuerzas internas, sin cometer injusticias, aberraciones antidemocráticas y someter a la ciudadanía al exceso de poder y dominación obtuso, menos los abusos y la represión, tal como aconteció, lamentablemente, en algunos países del llamado “socialismo real”. (24)
En ese sentido, el tránsito socialista se despliega esencialmente a través de la hegemonía política, ética y cultural -Antonio Gramsci también la denomina como “político-intelectual” o “intelectual, moral y político”-, (25) como idea-praxis fundamental de la estrategia de lucha del bloque histórico-político socioclasista y popular que conquista y ejerce con amplitud el poder revolucionario -en el sentido gramsciano, de una guerra de posiciones y/o una guerra de movimientos, según las circunstancias históricas de la lucha, (26) conducido y orientado por el Partido de vanguardia, realizándose desde la persuasión, el convencimiento, las razones racionales y argumentadas, la emoción, la pasión, la seducción y atracción estética, y el buen sentido del ciudadano común; el constante diálogo interactivo-retroalimentador entre dirigidos/dirigentes, estado/sociedad civil y ciudadanía, delegados de base/instancias medias y superiores de poder popular, partido comunista/militancia de base/masas trabajadoras y populares.
Hegemonía política - cultural (a la cual volveremos en epígrafes posteriores) vista como un problema de la producción, reproducción de la vida del ser humano, del sujeto/objeto del cambio revolucionario y de la consolidación del poder popular, no sólo limitado a los engranajes de los aparatos ideológicos y de coerción del Estado, sino también la referida a la ideología que se constituye, para Gramsci, en el terreno de lucha incesante entre ‘dos principios hegemónicos’, con la finalidad que sea trascendente; para pensar y hacer el poder desde la amplitud profundidad cultural y material, que va más allá de la dicotomía mecánica del marxismo vulgar acerca de la “base” y la “sobreestructura”, el drama de la ‘falsa’ y ‘verdadera’ ideología -lo cual no elimina su existencia- que, muchas veces, ha sido una emboscada para presentar un sumun teorético que sirviera como ideología oficial, peor oficialista, que degeneran por lo general en una teleología ontologizante e ideologizante única.
Donde predomine también la centralidad de la conciencia y la mente creativa del ser humano en la praxis revolucionaria, democrática y participativa directa, colectiva e individual, en la educación, auto-educación y los principios normativos de las masas populares, en la acción orientada por los valores, en la voluntad transformadora como eje del cambio histórico-político, además de la reproducción de significados, actitudes, imaginarios, signos y lenguajes que coadyuven en el renacer persistente de las nuevas relaciones / formaciones sociales, donde la experiencia acumulada -lecciones reflejadas, analizadas y evaluadas a través de la crítica- y la información / comunicación oportuna, coherente y transparente actúen mancomunadamente como fuerzas sociales formadoras y autoformativas, parte relacionales de la gran totalidad del tránsito socialista en las interacciones complejas entre las instituciones, las relaciones sociales y las convenciones por formales que sean.
«…El socialismo de una nación [expresa acertadamente el fraile dominico Frei Betto, teólogo de la liberación] no se mide por los discursos de sus gobernantes, ni por la ideología del partido en el poder. El socialismo de una nación se mide por la amplitud democrática de su sistema político, emanado efectivamente del pueblo y, sobre todo, de su economía, de modo que todos, ciudadanos y ciudadanas, tengan iguales derechos a compartir los frutos de la naturaleza y del trabajo humano. Por eso [considera] el socialismo como el nombre político del amor». (27)
Porque para el intelectual religioso y marxista, la ética que debe ser cultivada en Cuba, en el presente y el futuro (proveniente de lo mejor del pasado histórico, político y cultural), es que cada ser humano, independientemente de su salud, ocupación, color de la piel, género, creencia y condición social, esté dotado de dignidad ontológica y, como tal, deba tener derecho a la felicidad, con el fin de que Cuba no llegue a ser una nación ‘esquizofrénica’, con política socialista y economía capitalista.
Las experiencias de la China Popular y del Vietnam Socialista, dos países asiáticos diferentes en muchos aspectos, actuales socios estratégicos y amigos de Cuba, no están para ser copiadas de forma acrítica, aunque se les pueda realizar algunas lecturas siempre desde el ángulo del análisis y la distancia.
Partiendo de otras realidades, civilizaciones y tradiciones ancestrales, contextos históricos, acumulados y herencias orientales, incluso psicologías sociales, sus lecciones no son repetibles para Cuba. Sin remilgos, habrá que explicar que esos países al estar tan lejos de la primera potencia mundial, de los centros de poder imperialistas, a excepción de Japón, y con una población inmensa, hicieron concesiones de toda índole para que las élites de poder de Washington les permitieran avanzar, “sin grandes obstáculos”, por los caminos de la carpeta de reformas del líder chino Den Xiao Ping -las cinco modernizaciones-, y el Đổi Mới, la renovación vietnamita. De tal forma, lograron mitigar y eliminar, en parte, el bloqueo y las sanciones estadounidenses contra sus Estados.
En ese marco, realizaron en 1978 y 1986 respectivamente, reformas liberales, socialdemócratas y neoliberales de ‘puertas abiertas’, con grandes inversiones de capitales extranjeros a su interior; apertura hacia un economía de mercado (no con mercado); circulación de la moneda extranjera en lucha desigual con sus monedas nacionales constantemente devaluadas, aunque con el control de sus bancos centrales; libre movimiento de mano de obra de las zonas rurales a las urbanas y hacia el exterior; política migratoria ilimitada, propiciando la creación de colonias en los nuevos países de residencia, que comenzaron a emitir grandes sumas de remesas al país de origen y, más tarde, la circularidad de esas migraciones que retornaron abriendo sus negocios privados en estos, invirtiendo ese dinero o capital ampliado, ganado por la explotación de los trabajadores asalariados ajenos y propios; la secularización de bajos salarios de los obreros y campesinos en China y Vietnam fundamentalmente, en los momentos iniciales, aunque prosigue la precariedad del trabajo, la vida y de los estímulos materiales; zonas de desarrollo priorizadas con colosales asimetrías con el resto de sus territorios; falencias en el desarrollo educacional y de la salud pública gratuitas, seguridad y asistencia social y poquísima oportunidad para todos menos bajo principios de equidad; enfermedades y pobrezas en zonas apartadas -ahora tomadas en cuenta a través de los últimos congresos de sus partidos comunistas en el transcurso del siglo XXI-, degradación del medio ambiente debido a una pragmática política de industrialización no sostenible desde el punto de vista ecológico, sin importar los costos de todo tipo, etc.
Anterior a estas políticas, los enfrentamientos y la guerra entre China y la Unión Soviética (1969) hasta sirvió para el acercamiento de Mao Tse Dong -el líder de la insólita y desaprovechada ‘Revolución Cultural’-, con Richard Nixon y otras administraciones yanquis. Provocando una confrontación de gran nivel que afectó al campo revolucionario planetario, y en especial al movimiento comunista, un trauma que algunos no han olvidado.
Dizque que los políticos y tanques pensantes gringos y sus aliados europeos-japoneses hicieron grandes apuestas que esa jugada capitalista china y vietnamita -con partidos comunistas en el poder político- iba a traerles graves conflictos internos, por lo que les sería imposible crecer y desarrollarse, menos convertirse en potencias emergentes que le disputaran espacios de poder geopolítico, económicos, comerciales y financieros a los Estados Unidos de América, por lo que, las potencias occidentales organizaron injerencias e intervinieron constantemente y atizaron los problemas interétnicos y de las múltiples nacionalidades chinas (caso del Tíbet), las diversas creencias religiosas y otras diferencias también en Vietnam para implosionar esas sociedades desde adentro.
Hace pocos días, se pusieron en marcha protestas campesinas y de trabajadores cuando el gobierno socialista de Vietnam pretendió aprobar una ley de arrendamiento por 99 años de tierras en ese país, incluyendo por supuesto a los grandes y medianos productores chinos, que en muchos casos son corporaciones monopólicas multinacionales y transnacionales. La ley no se aprobó en el Parlamento o Congreso de Vietnam -que tiene por suerte esa prerrogativa-, pero se sucedieron los conatos, pues el nacionalismo antichino en el imaginario popular vietnamita está presente.
Es necesario conocer, que, en estos países, el Estado, el gobierno y los partidos tomaron medidas de shock neoliberal contra sus pueblos, represiones y coerciones de todo tipo para lograr calmar las protestas y el despliegue desigual y asimétrico de tales reformas. De eso no hay dudas y tampoco ausencia de bibliografía que valide esas ideas. (28)
Entonces, los cubanos no podemos optar por estas variantes sin dejar de aprender de ellas. Pero, en el ‘verde caimán’ no puede haber “una banda de los cuatro”, con ‘la ex-esposa y viuda de Mao Tse Dong’, tratando de tomar el poder, propiciando un conflicto divisionista que condujo a desestabilizaciones e ingobernabilidades profundas en el seno de la sociedad y el partido chino, tampoco un Ping que seleccione el rumbo del mercado capitalista abierto e ilimitado, las relaciones monetarias mercantiles y el uso desmesurado del dinero, para supuestamente llevar a cabo un desarrollo socialista, colmado de incertidumbres y puesto en solfa por amigos y enemigos. Menos que menos que se nos produzca una masacre al estilo ‘Plaza de Tiananmén’ (1989), porque el socialismo cubano es ética y construcción voluntaria, democrática y consciente.
Menos que se lleve a cabo una política de agresión a sus vecinos como fue el apoyo chino al régimen de Pol Pot en Kampuchea, hasta que entre 1977 y 1978, las tropas vietnamitas liberaron a ese país del criminal ‘khmer rojo’, y la insolente invasión militar a Vietnam (1979) por tropas chinas, que fueron derrotadas por las milicias territoriales de ese país. Tampoco un Comité Central donde estén militando en el Partido Comunista millonarios, junto a millones de pobres, porque eso no es socialismo, ni política, ética y culturalmente. Las comparaciones sirven para precisar, más que todo, diferencias, no solo similitudes.
El marxismo, los marxistas revolucionarios, con sus múltiples articulaciones críticas con otras escuelas de pensamientos, conocimientos y prácticas sociales de todos los tiempos, es el único saber teórico, filosófico y político que indaga e interpreta científicamente el proceso social desde ‘el punto de vista de la totalidad’, contra las visiones que segmentan las disciplinas científicas y, a favor, de la construcción y organización transdisciplinar de epistemes, lo que incluye la explicación sobre sí mismo (el método y sistema inacabado para su propio estudio y decursar), la comprensión de sus límites y crisis, discontinuidades y las vías de su autosuperación; es, sin circunlocuciones, la ‘única ciencia de lo social-humano en el tiempo’. (29)
El tránsito socialista debe implicar, paulatinamente y con saltos audaces, una transformación socioeconómica, política y cultural tan vasta que conmueva de manera cardinal el carácter cualitativo de la sociedad, con un impacto político y moral relevante hacia el resto de los pueblos y países en las distintas latitudes geográficas.
Esa innovación trascendente fue concebida por Marx como el resultado de los procesos múltiples de producción y reproducción de los seres humanos y sus relaciones materiales y espirituales, cuando una formación económica social traspone a otra superior.
*Dr. en Ciencias Históricas. Investigador Auxiliar Instituto de Filosofía
Citma-Cuba.
Junio 21 de 2018.
Notas y bibliografía:
(1) Como expresó el Comandante Ernesto Che Guevara al respecto: la estrategia tiene que ser diáfana porque “…debemos salir hacia el comunismo desde el primer día, aunque gastemos toda nuestra vida tratando de construir el socialismo”. Kohan, Néstor (2000): De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, La Habana, p. 94.
(2) La marxista Rosa Luxemburgo aseveró acertadamente que para “…la socialdemocracia, existe una vinculación indisoluble entre reforma social y revolución social, en la medida en que la lucha por las reformas sociales es para ella el medio, mientras que la revolución social es el fin”, ratificando más adelante: “…la reforma social y la revolución no son (…) diversos métodos del progreso histórico que a placer podamos elegir en la despensa de la Historia, sino momentos distintos del desenvolvimiento de la sociedad de clases.” Luxemburgo, Rosa (2014): ¿Reforma social o revolución?, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 61; y, en Reforma social o revolución y otros escritos contra los revisionistas, Distribuciones Fontanara S. A., México, S. A., pp. 118-119.
(3) Existen reformas dentro del propio tránsito socialista que manifestándose como formas de luchas anticapitalistas y antimperialistas, sin embargo, dados los determinados contextos históricos en las que se llevan a cabo -según la correlación de fuerzas interna y externa- no posibilitan de inmediato una salida revolucionaria radical, sino que responden a la rectificación de errores, re-avanzar en la solución de ciertos problemas y desviaciones, pero siempre a favor de los intereses populares con el fin mejorar su nivel de vida y el logro de derechos más elevados, que logren mitigar los efectos negativos del coexistente capitalismo interior, así como de los influjos del regional e internacional. Para que estas reformas desempeñen su papel de progreso o revolucionario deben tener en cuenta el papel y los límites de las reformas sociales, los cuales no deben separarse del problema de la organización, la conciencia sociopolítica y el protagonismo de las clases populares por el socialismo. Vladimir Ilich Lenin en su texto, ‘Marxismo y reformismo’, reconoció que los marxistas admiten la lucha por las reformas, es decir, por mejoras de la situación de los trabajadores, aunque no se alteren las estructuras del capitalismo, ni siquiera en medio del proceso de tránsito socialista. Lenin, V. I. (1975): Marxismo y revisionismo, Obras Escogidas, en tres tomos, T. 1, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, Tomo I, pp. 70-78; Espina Prieto, Mayra (2017): Por un socialismo donde el conocimiento se vuelva política, Entrevista realizada a Mayra Espina Prieto, por Fernando Luis Rojas y Carolina García Salas, Temas, 28-06; http://www.temas.cult.cu/catalejo/por-un-socialismo-donde-el-conocimiento-se-vuelva-pol-tica.
(4) Fernández Ríos, Olga (2016): Lo nacional-popular: reflexionar sobre Cuba recordando a Gramsci, en Con Gramsci en el ALBA de Nuestra América. Salir del foso y arrancarse los amargos pesares del corazón (2016): Compilación de Luciano Vasapollo e Isabel Monal, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, pp. 214-226.
(5) Cruz Capote, Orlando (2016): Hegemonía político-cultural marxista en el tránsito socialista y democracia popular. Notas para la Cuba actual”, en I Seminario Internacional del CITMA “Participación Popular y construcción de hegemonías emancipadoras en los procesos de cambios sociales”, Palacio de Convenciones e Instituto de Filosofía, 31 de octubre al 4 de noviembre de 2016. CD. ISBN: 976-959-234-114-2; (2017): Las complejas problemáticas en la transición socialista, La pupila insomne, 18 diciembre, https://lapupilainsomne.wordpress.com/; y, (2018): Exposición sobre Hegemonía y poder popular en el proceso de actualización del modelo económico y social del socialismo cubano, en el ‘Panel sobre Experiencias del socialismo cubano’, Tertulia de la Sección de literatura Histórico-Social de la Asociación de Escritores de la UNEAC, 19 de abril.
(6) Foucault, Michel (1994): The Order of Things: An Archaeology of the Human Sciences, Vintage; Reissue edition. ISBN 0-679-75335-4.
(7) El marxista húngaro Istvàn Mészáros planteó: “…Capital, trabajo y Estado están profundamente relacionados en un todo orgánico de metabolismo social históricamente constituido. Ninguno de ellos puede ser derribado solo, ni puede ser “reconstituido” separadamente (…) El cambio exigido requiere una transformación radical del metabolismo reproductivo social en su totalidad y en todas sus partes profundamente interconectadas que lo constituyen. Y eso solo puede ser hecho en sintonía con las circunstancias históricas en cambio, dentro de los límites de nuestro planeta. Ese es el significado de la alternativa socialista al orden socio-metabólico del capital, ahora peligrosamente sobrecargada de manera perdurable.” Mészáros, Istvàn (2015):La montaña que debemos conquistar: reflexiones acerca del Estado”, Entrevista Blog Boitempo, 12 octubre, colarebointernacional.
(8) Rauber, Isabel (2015): Hegemonía, poder popular y sentido común. Subjetividades e imaginarios interculturales para un nuevo mundo. El debate cultural alter-hegemónico de nuestro tiempo, “Diálogos Culturales de Invierno”, 21 de Julio El Salvador.
(9) Castro Ruz, Fidel (2005): Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, 17 de noviembre. (Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado).
(10) Ramonet, Ignacio (1997): Un mundo sin rumbo, Editorial Debate, Madrid; (1998): Como nos venden la moto. Información, poder y concentración de medios, Editorial Paidos, Barcelona; (2002): Propagandas Silenciosas, Editorial Arte y Literatura, La Habana; Mattelart, Armand (2008): Historia de las teorías de la comunicación, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana; (2009): Un mundo vigilado, Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Madrid; (2014): Por una mirada-mundo. Conversaciones con Michel Sénécal, Editorial Gedisa, S.A., Barcelona; Chomsky, Noam (2010): Estrategias de Manipulación, en Armas Silenciosas para Guerras Tranquilas, http://www.yohandry.com/index.php/component/content/article/61-estados-unidos/386-10-formas-distintas-de-manipulacion-mediatica; Yajure, Felson (2011): Cinco Estrategias Comunicacionales de Guerra de Estados Unidos, Aporrea (digital), 11 de agosto, Venezuela; Gómez Rodríguez, Víctor Andrés (2011): La dominación comunicativa: un desafío para el socialismo del siglo XXI en la guerra cultural, VIII Edición Internacional de Ensayos ‘Pensar a Contracorriente’, 2011; Gómez Martínez, Yelina (2015): Informar no equivale a comunicar. Cinco valores incinerados durante ese trastorno, Alianet, 20 de noviembre, http://www.alainet.org/es/articulo/173122.
(11) En todos estos años la Cuba Socialista ha sido muy agredida por las doce administraciones de los Estados Unidos de América, que cobijaron en su territorio de Miami, Florida, a los asesinos, testaferros, torturadores y ladrones del anterior régimen dictatorial batistiano, así como a todos los desafectos y contrarrevolucionarios cubanos; la suspensión de la cuota azucarera; el embargo del dinero estatal depositado en la banca estadounidense; el boicot y la prohibición de refinar petróleo soviético en las refinerías norteamericanas en Cuba, lo que conllevó a su nacionalización; el bombardeo indiscriminado de sus ciudades y campos por aviones y embarcaciones provenientes de los EE.UU.; atentados dinamiteros y sabotajes de todo tipo contra la economía nacional y la población civil; violaciones del espacio aéreo y las aguas jurisdiccionales cubanas por aviones y embarcaciones de los EE.UU.; las provocaciones por parte de los marines en la zona fronteriza de la ilegal Base Naval de Guantánamo, territorio nacional, quienes mataron a guardafronteras cubanos de forma alevosa, hoy convertida en prisión de los terroristas, quienes están en un limbo jurídico y sometidos a torturas ilegales; la invasión mercenaria por Playa Girón (organizada y sufragada por los Estados Unidos, y derrotada en menos de 64 horas por el pueblo uniformado, del 17 al 19 de abril de 1961); el despliegue total del bloqueo económico, comercial, financiero, diplomático y político, verdadero genocidio que pretende matar al pueblo cubano de hambre y enfermedades, aprobada por J. F. Kennedy, el 4 de febrero de 1962; los secuestros de aviones y embarcaciones navales cubanas que no fueron devueltas, luego que individuos cometieron crímenes con el fin de macharse del país; el desarrollo de una verdadera guerra civil gracias al apoyo logístico, el financiamiento y el armamento entregado a las bandas contrarrevolucionarias (1960-1966-1967); organización y puesta en ejecución de la ‘Operación Mangosta’ que pretendía la invasión directa del Ejército norteamericano en Cuba en 1962; la Crisis de Octubre o crisis de los mísiles y el peligro de una hecatombe nuclear mundial (1962); la guerra psicológica; la aprobación de la Ley de Ajuste Cubano (1966), que propició un tráfico ilegal de personas hacia Estados Unidor, recibiendo la oportunidad de ser aceptados como perseguidos y exiliados políticos; la guerra radial y televisiva en la que cerca de 22 trasmisores de radiodifusión, de diferentes servicios sonoros y de televisión, transmiten más de dos mil horas semanales hacia la Isla, incluyendo la Radio y la TV ‘Martí’; el diversionismo ideológico propagado constantemente a través de los mediáticos capitalistas globales; las agresiones biológicas llevadas a cabo contra los seres humanos, la agricultura y el sector pecuario; los atentados contra sus principales dirigentes: más de 600 atentados contra la figura máxima de la Revolución, el Comandante en Jefe; la organización y financiamiento de organizaciones contrarrevolucionarias en los EE.UU., Europa, América Latina-Caribe, y en la propia Cuba, con el fin de desestabilizar a la Revolución, llamando constantemente a la desobediencia civil, la violencia, la emigración desordenada y a la insurrección; carácter extraterritorial de las injustas sanciones, avaladas por leyes, que prohíbe a terceros países que comercien con la Isla, le nieguen créditos y la compra de materias primas y productos manufacturados cubanos, obstaculizando la inversión de capital, así como la realización de negocios con Cuba, a expensas de las multas y los castigos unilaterales que pueden imponerle las autoridades de Washington, además vedó que las sucursales estadounidenses en otros países tuvieran alguna relación con el gobierno revolucionario; obstaculización que la mayor de las Antillas deposite dólares en bancos norteamericanos o con capital de ese país, que los buques de cualquier nacionalidad que toquen puertos cubanos no puedan arribar a esa nación luego de un período de seis meses, sanciones contra bancos extranjeros que realicen transacciones con dólares estadounidenses; el terrorismo de Estado ejercido contra Cuba con infiltraciones de agentes de los aparatos de inteligencias que pusieron bombas en lugares económicos, educacionales, círculos infantiles, centros turísticos, hoteles, restaurantes y de recreación públicos; las incitaciones para que se produzca un éxodo masivo de inmigrantes hacia el gigante norteño con el fin predeterminado de provocar un conflicto entre las dos naciones; las presiones y chantajes contra otros Estados-naciones para que apoyaran las acusaciones contra Cuba en varios escenarios internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA), las Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Comisión de Derechos Humanos, así como la reciente eliminada ‘Posición Común’ Europea, etc.; la voladura en pleno vuelo de un avión de Cubana de Aviación con 74 pasajeros, cubanos, guyaneses y norcoreanos, debido a una bomba puesta por elementos contrarrevolucionarios; intento de secuestro de un niño cubano, Elían González Brotón; las imputaciones de que Cuba producía armas biológicas, químicas y que preparaba interrupciones electrónicas, ciberataques a los sistemas de comunicaciones estadounidenses; captura, juicios injustos y prisiones contra cinco luchadores antiterroristas cubanos -la red avispa- que se infiltraron en las organizaciones contrarrevolucionarias en Miami, con el fin de poner sobre aviso de posibles atentados contra el territorio nacional, establecimiento de gobierno, privados y oficinas de aviación norteamericanas y latinoamericanas radicadas en los EE.UU. y otros países de la región, que finalmente fueron liberados en un intercambio de prisioneros en el marco del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre el gobierno norteamericano y el cubano, en 2014; utilización de donativos de móviles, celulares, tarjetas SIM, PDAs, computadoras portátiles y de escritorio, USB flash drives, equipos Bluetooth, y dispositivos de conexión inalámbrica a Internet (routers wireless), más la introducción ilegal de otras tecnologías de avanzada para crear redes de subversión como “Piramideo”, “Zunzuneo”, “Commotion” y “Cubanada”, etc., con el envío de SMS y correos electrónicos, sin previo aviso a los usuarios; despliegue de operaciones políticas en redes sociales hacia Cuba con la creación plataformas digitales, bloggers y otras formas, que no tienen una posición patriótica ni socialista; ofrecimiento de becas para jóvenes en los EE.UU. y otros países occidentales con fin que estudien en programas de temáticas relacionadas con la formación de liderazgos, organización, capacitación y movilización de orientación antisocialista; violación de los acuerdos migratorios firmados por EE.UU. y Cuba; la creación de periodistas ‘independientes’, bibliotecas independientes, organizaciones sociales independientes, incluyendo sindicatos, y contrarias a la sociedad civil nacional; supuestos ‘ataques sónicos’ contra el personal diplomático estadounidense en la Isla, entre otras calumnias y mentiras, fueron parte del arsenal de agresiones utilizados contra la Mayor de las Antillas. Ley para la Democracia Cubana de 1992. (Proyecto Torricelli), Cuadernos Nuestra América, Vol. IX, No. 18, enero-julio, La Habana, 1992; Cruz Capote, Orlando, Pérez Concepcion, Hernán y otros (1993): “1020 Congress, 2d. Session House of Representatives, Report 102-966”. National Defense Authorization Act for Fiscal Year 1993. Conference Report. To Accompany, HR. 5006, October 1, 1992, Washington; US Government Printing Office; 1992, pp. 270-277, en El Peligro Mayor. Selección de textos históricos acerca del desprecio y las ambiciones yanquis por Cuba, Editora Política, La Habana, pp. 148-153; Ley de la Esclavitud. Texto íntegro de la Ley Helms-Burton (1996): Impreso por Divulgación e Imprenta de las Oficinas Auxiliares de la Asamblea Nacional del Poder Popular, La Habana; Un documento nada serio, que hay que tomar muy en serio, Plan Bush para Cuba (2004): Report to the President, May 2004, Colin L. Powell, Secretary of State Chairman, Editora Política, La Habana; Tele Agresión II (1989): Editorial José Martí, La Habana; Tele Crack. Dossier de una agresión (1990): Editorial José Martí, La Habana; 96/697/CFSP: Posición Común hacía Cuba, del 2 de diciembre de 1996, Artículo J.2 del Tratado de la UE; http://europa.eu.int/eurlex/lex/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=CELEX:31996E0697; Jakub Flepal (2006): ‘Posición Común de la UE hacía Cuba. Alternativas y Recomendaciones’, Praga, República Checa, abril 2006. Association for International Affairs. People in Need. Points Foundation, Policy Paper; Demanda del Pueblo de Cuba al Gobierno de los Estados Unidos por Daños Humanos (1999): Editora Política, La Habana; Demanda del Pueblo Cubano al Gobierno de los Estados Unidos por Daños Económicos (2000): Editora Política, La Habana; Asamblea Nacional del Poder Popular (20005): La Tormenta Perfecta. El caso de los cinco, Editora Política, La Habana.
(12) Martínez Heredia, Fernando (2017): Entrevista a Fernando Martínez Heredia, por José Manzaneda, “Toda dominación bien establecida, moderna, es cultural”, Cubainformación, 31 agosto, http://dialogardialogar.wordpress.com/2017/08/26/fernando-martinez-heredia-toda-dominacion-bien-establecida-moderna-es-cultural/#more-2547; Althusser, Louis (1988): Ideología y aparatos ideológicos del Estado, (1970), Nueva Visión, Buenos Aires; Poulantzas, Nicos (1979): Estado, poder y socialismo, Siglo XXI editores, México.
(13) “…La Revolución no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, marchen junto a ella. La Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario. La Revolución debe tratar de ganar para sus ideas la mayor parte del pueblo; la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo; a contar –concluyó– no sólo con los revolucionarios sino con todos los ciudadanos honestos que, aunque no tengan una actitud revolucionaria ante la vida, estén con ella (…) Nadie ha supuesto nunca que todos los hombres, o todos los escritores, o todos los artistas, tengan que ser revolucionarios (…) La revolución sólo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios (…) Dentro de la Revolución, todo: contra la Revolución nada”. Castro Ruz, Fidel (2007): Palabras a los intelectuales, (cuarta edición), Casa Editora Abril, La Habana.
(14) En la primera mitad del siglo XX cubano hubo un “…reformismo político con sus variantes nacional-reformistas de centro y de derecha, la nacional-reformista antioligárquica, la nacional-populista y la nacional-revolucionaria que se manifestaron en el seno de la sociedad civil y política cubana en distintas etapas de su decursar histórico neocolonial”. Cruz Capote, Orlando (2014): Prólogo, libro Comunismo, Socialismo y Nacionalismo (1920-1958), Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 10.
(15) Martínez Heredia, Fernando (2009): Socialismo, en Autocríticas. Un diálogo al interior de la transición socialista, Ruth Casa Editorial, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, pp. 15-41; Acanda, Jorge Luis (2009): Transición, en Autocríticas. Un diálogo al interior de la transición socialista, Ídem, pp. 42-62.
(16) Castro Ruz, Raúl (2008): Discurso pronunciado por el compañero Raúl Castro Ruz 24 de febrero de 2008, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en las conclusiones de la sesión constitutiva de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, 24 de febrero, La Habana. (Versiones taquígrafas del Consejo de Estado).
(17) Castro Ruz, Fidel (2000): Discurso pronunciado en la Tribuna Abierta por el Día Internacional de los Trabajadores, Granma, 2 de mayo del 2000, p. 4.
(18) Gramsci aseveraba que “…El modo de ser del nuevo intelectual ya no puede consistir en la elocuencia motora, exterior y momentánea, de los afectos y de las pasiones, sino que el intelectual aparece insertado activamente en la vida práctica, como constructor, organizador, «persuasivo permanentemente», no como simple orador...” Gramsci, A. (1960): Los intelectuales…, Ob. Cit. p.15; Jaeger, Werner Wilhelm (1990): Paideia: Los ideales de la cultura griega, Fondo de Cultura Económica de España, ISBN 978-84-375-0195-6; Acanda, Jorge Luis (2002): El malestar de los intelectuales, Temas, La Habana, biblioteca.filosofia.cu/php/export.php2…=http…30; Prieto, Abel (2014): La Cigarra y la hormiga: un remake al final del milenio, Cubadebate, 27 de agosto; Pogolotti, Graziella (2014): El intelectual y el mecánico, Cubadebate, (Tomado de Juventud Rebelde), 24 agosto; Calviño, Manuel (2014): Cambiando la mentalidad… empezando por los jefes, Editorial Academia, La Habana; Concepción, José Raúl y Doimeadiós Guerrero, Dianet (2017): Diálogo sobre sistema político cubano: ¿La democracia es el poder de los partidos o del pueblo?, Podcast con los doctores en ciencias Daniel Rafuls Pineda y José Luis Toledo Santander, Cubadebate, 31 de marzo.
(19) Castro Ruz, Fidel (1960): Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en el acto celebrado por la Sociedad Espeleológica de Cuba, en la Academia de Ciencias, La Habana, 15 de enero. (Versiones taquígrafas del Consejo de Estado).
(20) Guevara, Ernesto (1970): «El socialismo y el hombre en Cuba». En: Ernesto Che Guevara. Obras 1957-1967, Casa de las Américas, La Habana, p. 380.
(21) Castro Ruz, Fidel (1977): Discurso en el acto de graduación del primer contingente del destacamento pedagógico “Manuel Ascunce Domenech”, Ciudad de La Habana. 20 de julio, en Ediciones OR [julio-septiembre]. La Habana, p. 21.
(22) Castro Ruz, Fidel (1966): Discurso en la clausura del XII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, CTC-Revolucionaria. La Habana, 29 de agosto. Ediciones OR, La Habana, p. 9.
(23) García Cardentey, Mayra (2016): Gramsci y las «cosas de intelectuales», Juventud Rebelde, digital, 25 de agosto, La Habana, www.juventudrebelde.cu.
(24) Cruz Capote, Orlando (2016-2017): Un enfoque crítico diferente acerca de las polémicas de los marxismos y los marxistas en la Rusia Soviética entre 1917-1930. Una historia poco conocida, en dos partes, Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital. no. 29, noviembre 2016 – junio 2017, ISSN: 1817-0137.
(25) Gramsci, Antonio (1960): Los intelectuales y la organización de la cultura, Lautaro editorial, Buenos Aires; (1966): El Materialismo Histórico y la filosofía de Benedetto Croce Edición Revolucionaria, La Habana; Antología (1973): Editorial de Ciencias Sociales, La Habana; (1999): Cuadernos de la cárcel, editorial Era, México, T. 1; Bobbio, Norberto (1972): Gramsci y la concepción de la sociedad civil, en Gramsci y las ciencias sociales, Cuadernos de pasado y presente, No. 19, Córdoba; (1977): Gramsci y la concepción de la sociedad civil, Avante editorial, Barcelona; Portantiero, J. C. (1987): Los usos de Gramsci, Plaza y Valdés editorial, México.
(26) Regalado, Roberto (2016): La «guerra de posiciones» en América Latina y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, Intervención en VI Congreso de Solidaridad con Cuba, 24 de septiembre, San Miguel, El Salvador, Alianet, 03-10; http://www.alainet.org/es/articulo/180655.
(27) Betto, Frei (2016): Desafíos del futuro para la Revolución cubana, Cubadebate, 4 abril, La Habana.
(28) Klein, Naomi (2016): La doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
(29) Aguirre Rojas, Carlos Antonio (2010): Retratos para una historia. Ensayos de contrahistoria intelectual, Ediciones ICAIC, La Habana; Cruz Capote, Orlando (2013): El movimiento comunista internacional (1924-1957). Su impacto en el pensamiento ideopolítico y el accionar marxista cubano. Propuesta para un estudio, Filosofía y Sociedad, V Jornada Científica del Instituto de Filosofía, Sello editorial filosofi@.cu, pp. 102-103.


por La pupila insomne