
Resumen Latinoamericano / 24 de julio de 2018 / Fabio Sánchez
La “renovación” en el poder prometida por Iván Duque ya tiene todo el aspecto de ser un “cambiar todo para que nada cambie”. O… peor aún… cambiar todo para caer en lo peor. Hasta ahora, los nombres seleccionados por el presidente electo para su gabinete conforman una especie de selección de estrellas seguidoras de Uribe, combinadas con directivos gremiales, aunque, en la mayoría de los casos, esos dos perfiles coinciden.
Al igual que Duque no fingió y tras ser elegido viajó en seguida a Washington a recibir instrucciones de los verdaderos jefes del Imperio del Norte, tardó apenas cuatro días en reunirse en la universidad de las élites dominantes de Colombia, la Universidad de los Andes, con la súper élite empresarial del país, Alejandro Santodomingo incluido en videoconferencia. Los empresarios llevaron a los rectores de sus incubadoras de élites: la propia Uniandes, el Icesi (de Cali), Eafit (de Medellín), o el Rosario. Allí se consumó la alianza preanunciada durante la campaña y que tendrá nombre ampuloso: el Gran Acuerdo Nacional por el futuro de Colombia.
Ese acuerdo lo coordinó José Manuel Restrepo, rector de la universidad de El Rosario que, de premio, ha sido nombrado como ministro de Industria, Comercio y Turismo.
Mientras esa reunión se producía, Duque ponía en marcha su equipo de empalme en el que figuraban hasta 24 altos directivos de los gremios económicos del país. Directivos que, por supuesto, no forman parte de ningún Gobierno –porque no se ha posesionado- y que han tenido información privilegiada sobre las entrañas y planes del Estado. De hecho, los que no estuvieron invitados, estaban indignados: “Es impresentable que un gremio haga parte de un equipo de empalme. En esas sesiones se comparte información institucional interna (proyectos, cifras, memorandos internos) que no deberían ser conocidos por la sociedad civil. La posibilidad de injerencia es un riesgo ético enorme”, se quejaba el presidente del gremio farmacéutico colombiano (Afidro), Gustavo Morales, a un medio nacional.
Unos cuantos altos representantes del mundo empresarial, sí estarán en el Gobierno. El pasado jueves, cuando se conocían 9 de los 16 nombres de las personas al frente de ministerios, el balance era este: 5 llegan directamente de los gremios, el ministro de Hacienda designado es un viejo amigo del empresariado nacional, uno más es Restrepo (artífice del acuerdo con empresarios) y otra, María Victoria Angulo, llega de la Secretaría de Educación de Bogotá después de haber desembarcado en la política de la capital desde la Fundación Empresarios por la Educación en 2015. Es decir, 8 de 9 nombres pertenecen a los gremios.
Lo que Duque vende como tecnocracia en realidad es toda una plutocracia: el poder en manos de los ricos o de sus esbirros.
La joya de la lista es Guillermo Botero, el eterno presidente de los comerciantes (Fenalco), seguidor de Uribe consumado y enemigo a muerte declarado de Juan Manuel Santos y de los acuerdos de paz. Por eso quizá, Duque lo ha elegido como Ministro de Defensa y en su primera intervención ya ha mostrado los dientes: ha propuesto regular la protesta social porque afecta el desarrollo del comercio y de las empresas.
Andrés Valencia Pinzón deja la presidencia de la Federación Nacional de Avicultores (Fenavi) para hacerse cargo del ministerio que regula la actividad de su gremio: el de Agricultura. Asobancaria, el gremio de los bancos, ha puesto su cuota en el Ministerio de Vivienda, que estará a cargo de su vicepresidente técnico, Jhonatan Malagón González. La siempre poderosa Asociación Nacional de Empresarios (ANDI) cambia el Ministerio de Defensa (hasta ahora en manos de su ex presidente Luis Carlos Villegas) por uno más apetitoso en tiempos de extractivismo: el de Ambiente, que dirigirá Ricardo Lozano, el hasta ahora director del Centro del Agua de la ANDI. Asomovil, la mafia de las compañías de telecomunicaciones ha puesto a su presidenta como ministra de Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, de la que los medios rescatan su carrera política, pero olvidan su papel gremial.
Para manejar los dineros del Estado y perdonar impuestos a los gremios ya está designado un viejo amigo empresarial, Alberto Carrasquilla, neoliberal furibundo defensor de medidas tan antipopulares como proempresariales.
Todavía faltan muchas designaciones e imaginamos que también serán bocado de los gremios. Todo indica que los empresarios y ricos del país quieren que su “Gran Acuerdo Nacional por el futuro de Colombia” –o “Gran Acuerdo Nacional por Nuestros Intereses”- sea gerenciado directamente por su gente. Claro, que entre su gente también estaría el propio presidente electo, Iván Duque, que antes de ser político recibió instrucciones precisas en la CAF, el BID o la Corporación Financiera de Inversiones. Un equipo ganador para no perder plusvalías a costa de las colombianas y colombianos.