«El
rico domina a los pobres; el
que toma prestado es esclavo del que presta».
El
FMI hace creer que el deudor puede
devolver ese préstamo en un
lapso de 1-5
años. Pero lo cierto, es que no le importa el valor ni el tiempo del
préstamo, lo que le
importa es el control que ejercerá sobre esos países.
El
sistema establecido en Breton Woods se basaba en
un precio fijo del dólar anclado en el oro a 35 $ la onza y Estados
Unidos era
responsable de mantenerlo fijo. Para lograrlo tenía que
mantener suficientes reservas de oro. Si Estados Unidos emitía
demasiados
dólares, el precio del oro tendería a subir, por lo que no podría
mantener la
paridad establecida. En la práctica, los demás bancos centrales tienden
a mantener el valor del dólar, porque es su moneda
internacional.
A
medida que los productos europeos (y luego los
japoneses) resultaban mejores y más baratos que los norteamericanos,
para 1960
las reservas de dólares en manos de extranjeros superaron las reservas
de oro norteamericanas. El
fantasma
del estancamiento y la depresión amenazaba a los Estados
Unidos. La
deuda iba a convertirse en la alternativa, y el dólar debía ser liberado de su
vinculación con el vil metal.
A
finales de 1960 una importante devaluación de la libra esterlina
británica provoco una baja del dólar. La especulación llevo el precio
del
oro a niveles sin precedentes. Nadie quería vender oro a su precio
oficial (35 $
la onza), era demasiado bajo.
En
1971 los Estados Unidos suspende la convertibilidad en oro de los
dólares en
manos de otros países. A estos
países se
les permite determinar su propio sistema de tipo cambiario. El sistema
de Breton
Woods, como se concibió originalmente, llega a su fin.
A
partir de 1977 el papel del FMI
pasó de ser
un medio de control de tipo cambiario, principalmente entre los países industrializados,
a ser un medio de control del Primer Mundo sobre
la política económica del Tercero. El otro cambio significativo
en la posición del FMI se produjo con el alza del petróleo por la OPEP.
La
inflación se elevó grandemente. Todas las economías de
los países industrializados debieron
recurrir a planes de austeridad que, de forma inevitable, produjeron una
disminución del
consumo y una rebaja del nivel de vida.
Algunos
países optaron por la energía nuclear. La mayoría
de los
países del Tercer Mundo se quedaron
varados. Los países productores de petróleo acumularon grandes
excedentes en
sus balanzas de pagos, mientras que la mayoría de países, especialmente
en el Tercer Mundo,
entró en déficit. Época de oro para el buitre: FMI al rescate.
Algunos
países del Tercer Mundo pidieron préstamos a las instituciones
financieras
privadas, especialmente los bancos comerciales y de inversión. Cada vez
los
países del Tercer Mundo acumulaban nueva deuda solo para pagar los
intereses de
la vieja. Al no poder pagar estos, aquellos se negaron a prestar, entrando así el
FMI en acción. Pero con otras condiciones.
Por
ejemplo a México en 1982, el FMI le aprobó un
préstamo a condición de que aceptara una serie de programas de ajuste. Entre estas condiciones, debía utilizar
parte de ese dinero para reembolsar a los bancos privados y aplicar
una política de ajuste estructural (reducción de gastos sociales y de
infraestructura, privatizaciones, aumento de las tasas de interés e
impuestos,
etc.) En un primer momento
produjo una
fuerte recesión, pérdidas masivas de empleos y una dura caída del poder
de
compra. Luego las medidas estructurales se tradujeron en la
privatización de centenares de empresas públicas. Esto produjo una
colosal concentración de
riqueza y de gran parte del
patrimonio nacional en manos privadas de algunos grandes grupos
industriales y
financieros mexicanos y extranjeros.
Brasil le
siguió. En la década de
1980 75% de los países de América Latina y 60%
de los países africanos estaban bajo algún tipo de supervisión por
parte del FMI y del Banco Mundial. Estados Unidos preocupado
por la posibilidad de que las presiones sociales y políticas
de la crisis de la deuda pudieran derivar en una situación volátil de
revoluciones y guerras civiles, sobre todo en América Latina,
hizo que en 1989, el nuevo secretario del Tesoro, Nicholas
Brady,
anunciara la reducción de estas deudas.
Pero
esta reducción de la deuda que se le llamo
«Plan Brady» no estaba exenta de condiciones a favor de los Estados
Unidos. Se
pusieron en circulación los llamados «bonos Brady», que podían ser
comprados y vendidos en los
mercados financieros, a menudo
con importantes descuentos. En mayo de 1994, 18 países habían acordado
perdonar 60.000 millones de deuda.
Argentina
mantenía el precio del peso vinculado
al dólar, pero encareció sus exportaciones y socavó su competitividad
internacional, provocando un grave proceso de contracción económica en
1998. Entonces
Brasil devalúa su moneda
de un real por dólar a tres reales por dólar, para ganarse el comercio
argentino, empeorando más la economía argentina, que los ahorradores
comenzaron a sacar sus dólares de los
bancos y los trasladaron al exterior.
La
fuga de capitales continuaba
imparable y el país entraba en recesión, entonces el gobierno argentino
restringió la extracción de dinero de las entidades financieras con el
fin de
evitar la fuga de capitales y la quiebra del país. A esto se le llamó
«corralito».
El
control ejercido por el FMI no fueron sutiles,
fueron muy descaradas: eran
mucho más
flexibles con los gobiernos de derechas que con los de izquierda, debilitando
a estos y favoreciendo el retorno de la derecha al poder. El banco no
dudo en
apoyar dictaduras crueles.
En
Nicaragua el clan de los Somoza
llego al poder en 1930 gracias a la intervención militar de los Estados
Unidos.
Pero, en julio de 1979 los rebeldes sandinistas retomaron
el poder tras una larga guerra haciendo huir al dictador.
El brutal asesinato del periodista Bill Stewart,
filmado por sus compañeros, conmocionó de tal forma a la opinión
pública
estadounidense que su gobierno no pudo seguir respaldando a la dinastía
dictatorial y sanguinaria que había sometido y expoliado al pueblo
nicaragüense
durante 40 años.
Hasta
ese momento el
gobierno de Somoza había sido respaldado mayoritariamente por los
republicanos,
ya que argumentaban que era un baluarte en contra del comunismo. Pero
sin el
apoyo de Estados Unidos,
los sandistas pudieron tomar el poder.
Esta
dictadura disfruto de numerosos
préstamos del Banco Mundial,
pero
Chile, bajo el gobierno
democráticamente
elegido de Allende (1970-1973), no recibió ni un solo centavo.
Pero bajo
el gobierno de Pinochet, tras el golpe militar de 1973, el maná
de la institución inundo al país. De allí su famoso auge económico,
auge basado en dinero prestado, no producido en Chile.
Reagan
anunció en 1981
su voluntad de hacer caer a los sandinistas. La aviación de los Estados
Unidos bombardeó varios puertos
nicaragüenses. Frente a
esta abierta hostilidad, que incluso hacía presagiar una acción armada
directa,
la política del gobierno de mayoría sandinista se radicalizó. En 1984 en Nicaragua, cuando Daniel
Ortega
fue elegido presidente con el 67 % de los votos, al año siguiente los
Estados
Unidos decretaron un embargo comercial contra Nicaragua que aislaría al
país en
relación a los inversores extranjeros. Por supuesto, el Banco Mundial
también
frenó los préstamos a ese nuevo Gobierno.
El
banco no volvió a conceder ningún préstamo hasta 1990, con la
victoria de Violeta de Chamorro, candidata conservadora que contaba con
el
beneplácito de los Estados Unidos.
La
deuda externa (o deuda eterna) es una de las
principales causas por las que los países no alcanzan su pleno
desarrollo, a
pesar de que muchos de ellos tendrían todas las ventajas para ello si
tenemos
en cuenta su demografía, su
extensión
territorial y la riqueza de sus recursos naturales. Un ejemplo,
Venezuela. ¿Por qué un país tan rico como Venezuela necesita
endeudarse
tanto con el Fondo? No necesitaba, la obligaron.
Al
endeudarse deben profesar ciega
obediencia a Washington. A
pesar de que estos préstamos son impagables, el Banco Mundial no deja
de
otorgarles más créditos, se pierden en los laberintos de la corrupción
del
país.
Los
gobiernos de América Latina han
adoptado la “inversión en infraestructura” como la forma más disimulada
de corrupción administrativa.
La construcción de carreteras, presas, puertos y diversos tipos de
trenes
facilita la sustracción de recursos estatales por medio de la
sobrevaloración.
Los líderes gobernantes de turno se hacen más ricos «invirtiendo» 30
millones
de dólares en una carretera que solo vale 20 millones de dólares,
puesto que los
10 millones de dólares restantes se desvían a sus cuentas bancarias
abiertas en
paraísos fiscales.
Al
FMI no le importa esta corrupción descarada,
pues él no regala nada, solo presta, y no pierde un centavo con estos
comportamientos corruptos. El préstamo
hay que
devolverlo, pero recae sobre los ciudadanos más sufridos del país. Así
se
explica que a los gobiernos no les importe en absoluto endeudarse hasta
más
allá de los límites admisibles.
A más
deuda, más botín y, a fin de cuentas, otros tendrán que enfrentar las
exigencias de pago o las consecuencias generadas por no cumplir con el
compromiso de la deuda, mientras ellos y sus descendientes disfrutan
de una fortuna amasada a costa del bienestar de la nación.
Estos han sido denominados “Nuevos Ricos”.
El banco hace
préstamos como instrumento geopolítico... Por ejemplo, Estados
Unidos intervino militarmente en la Republica Dominicana en 1916 bajo
el
pretexto de cobrar una deuda a un dictador que gobernó entre 1889
a 1899.
Como es evidente, el préstamo facilitó
la dominación estadounidense de
ese hasta
el día de hoy. Esta táctica ha tenido discípulos aventajados. Venezuela
apoyó
con Petrocaribe la victoria de Leonel Fernández en las presidenciales
dominicanas
de 2008, lo que obligó a su gobierno a devolver el favor con la
venta
del 49% de las acciones de la Refinería
Dominicana de Petróleo (Refidomsa) al Estado venezolano.
Un
financiamiento
difícil de pagar es el pretexto para que la nación deudora tenga que
votar a
favor de iniciativas amañadas ante la ONU o la OEA. También es un buen
método para imponer la instalación de empresas multinacionales
con las
condiciones fiscales menos convenientes para el país deudor.
En
realidad el FMI no le interesa que
le cancelen la deuda, puesto cuanto más dure, más tiempo permanecerá
el yugo sobre el
cuello del país deudor.
En
la actualidad al Banco Mundial le ha
salido una dura e inesperada competencia: China.
China ha prestado más dinero en los últimos
dos años a las naciones en
desarrollo
que el mismísimo Banco Mundial, tal como informaba en su día The Financial Times,
subrayando las ambiciones de Pekín de incrementar su influencia
global.
China
prestó, como
poco que
se sepa, 110.000 millones de dólares a gobiernos y empresas en países
en
desarrollo tan solo durante 2009 y 2010, superando los 100.300 millones
de dólares
facilitados por el Banco Mundial en el mismo periodo.
China
que posee en sus reservas más de 2 billones
de dólares, viene aplicando desde 2009 una política de máximo apoyo a
los gobiernos
que posean reservas garantizadas de petróleo. Estos
préstamos tienden a ser en mejores
condiciones que los del Banco Mundial. La situación ha llevado a que el
Banco
Mundial busque maneras de trabajar con China para evitar la
rivalidad en
créditos de este tipo, aunque, dado que lo que está en juego son
esferas de influencia, es muy
poco probable que se pongan de
acuerdo.
En
el 2004 se publicó un libro interesante
que se convirtió en un gran best-seller:
Confessions
of an Economic Hit
Man, publicada
en español como:
Confesiones
de un gánster económico o Confesiones
de un sicario económico.
Es
la autobiografía de un hombre
llamado John Perkins en la que relata los pormenores de su
carrera en una conocida firma de consultoría y cómo llegó a convertirse
en lo
que él denomina «sicario económico». Perkins define a los sicarios
económicos
como «profesionales altamente remunerados que tienden trampas
de miles
de millones de dólares a los países del mundo. Sus herramientas de
trabajo son informes
financieros fraudulentos, manipulación
de elecciones, sobornos, extorsiones, sexo y asesinatos».
En
este libro Perkins confiesa que él
mismo fue un sicario económico que trabajó para una firma de consultoría internacional
cuya misión
era la de convencer a los países más pobres para que
aceptaran enormes préstamos del Banco Mundial y el FMI, asegurándose
de que todos los proyectos en los que se invertirían esos préstamos fueran concedidos a
compañías
estadounidenses. Una vez que estos países quedaban atados a estas
deudas
enormes, el gobierno estadounidense los podía manejar casi a su
antojo,
solicitando a sus dirigentes toda clase de favores, que incluían acceso
a los
recursos naturales, cooperación militar y apoyo político.
Pero
¿qué sucedía con los que no aceptaban? Perkins
hace una siniestra acusación: «…Jaime Roldós, presidente de Ecuador, y
Omar
Torrijos, presidente de Panamá,
quienes
murieron en accidentes de avión, no fue accidental. Fueron asesinados
porque se
opusieron a esa fraternidad de corporaciones, gobiernos y élites bancarias.
Los chacales de la CIA, nuestros ejecutores, llevaron a cabo la tarea
sucia».
No
fue fácil publicar este libro, por lo menos paso
por los despachos de al menos veinticinco editoriales estadounidenses,
que lo
alabaron pero no lo aceptaron para publicación. Finalmente, una pequeña editorial se
decidió a hacerlo.
Una
de las tantas denuncias, la hizo un personaje
muy prestigioso, Joseph
Stiglitz, antiguo economista del mismo Banco Mundial y Premio Nobel, en
su
libro La globalización y sus descontentos, donde escribió lo
siguiente: “Para
hacer que los programas del FMI parezcan que funcionan, hacen que los
números
“cuadren”, se ajustan, se negocian las cifras a publicar… La
globalización, tal y como ha sido
defendida, trata de reemplazar las dictaduras de las élites nacionales
por la
dictadura de las finanzas internacionales […].
Continuara...