Recuerdo que cuando el gusano informático Stuxnet
afectó el programa nuclear iraní, muchos no reconocieron la
participación estadounidense e israelí. Todo cambió cuando el diario The New York Times
hizo público el 16 de enero de 2011, opiniones de expertos militares y
de Inteligencia norteamericanos, donde reflejaron que la central nuclear
de Dimona (al sur de Israel) se convirtió en un laboratorio para
examinar y ensayar el virus Stuxnet que afectó a gran parte del mundo y se reportó en las redes cubanas el 13 de julio de 2010.
Es un hito cómo en la década de 1980 se utilizó por primera vez un arma cibernética, cuando la CIA introdujo un software defectuoso en el sistema de operación del nuevo gasoducto transiberiano
que debía llevar gas natural desde los yacimientos de gas de Urengoi en
Siberia a través de Kazajstán, Rusia y Europa oriental hasta los
mercados de divisas de Occidente, causando grandes pérdidas económicas y
contribuyendo al colapso de la URSS.
El virus Stuxnet
puso de manifiesto la debilidad de las infraestructuras críticas de
varios países en sectores claves como la Banca, Energía, Información,
Telecomunicaciones, Hidráulico, Salud y Transporte; con vulnerabilidades
en los sistemas de seguridad informática, de la información y en los
programas de vigilancia del tráfico en la red de redes.
En la actualidad las empresas diseñadoras y productoras de hardware, software y sistemas, como Microsoft, IBM, Oracle, INTEL y otras, están obligadas, por su participación en los sistemas de gobierno en Estados Unidos y otros países,
a introducir los requerimientos de los servicios especiales en el
funcionamiento de sus productos, implementando puertas traseras y
programas troyanos que actúan como procedimientos almacenados que
permiten acceder a los datos y claves de acceso, sin que los usuarios se
percaten.
En el artículo, “Venezuela bajo ataque: 7 apuntes sobre el shock eléctrico”, publicado en el sitio Misión Verdad, se dan a conocer algunos elementos de este sabotaje:
“Esta
vez no hubo un ataque a subestaciones o a líneas de transmisión
eléctrica, como se había ensayado en distintas ocasiones con
anterioridad, según manuales de sabotaje de la CIA contra la Nicaragua
sandinista de los 80, ya desclasificados.
“Cabe
acotar que el software usado (llamado Scada) en el Sistema de Control
Automatizado (SCA) que operativiza el funcionamiento de los motores es
el creado por la empresa ABB, que desde hace años no trabaja en el país.
Esta empresa ABB, que en Venezuela trabajó como Consorcio Trilateral
ABB (ABB Venezuela, ABB Canadá, ABB Suiza), diseñó un proyecto de
modernización del Guri a finales de la década pasada, durante el
gobierno de Hugo Chávez, en el que describe a profundidad tanto el
sistema atacado como la organización básica del Guri.
“El
analista geopolítico Vladimir Adrianza Salas, en entrevista con
Telesur, relaciona el ataque con el consorcio. Explicó que el embalse
del Guri ‘requiere un sistema de control que técnicamente se llama
sistema scada, el cual no es otra cosa que un sistema de supervisión,
control y requisición de datos que permite, desde la perspectiva
informática, controlar todos los elementos de generación de energía. Si
saboteas esto, saboteas el funcionamiento. Pero para sabotear esto
necesitas dos cosas: o debes tener acceso desde afuera o debes tener
complicidad interna para modificar los procesos’.
“Precedentes
de este tipo se encuentran en países atacados o presionados
directamente por Estados Unidos, como Irak y el Líbano, donde los
apagones han sido sistemáticos y de forma consecutiva, uno tras otro
durante decenas de horas. Las ‘réplicas’ en la interrupción del
suministro de energía responderían a estas secuencias de ofensivas que
ya han sido experimentadas en otros contextos de guerra asimétrica e
irregular”.
En
el ataque cibernético a la red eléctrica de Venezuela todos los caminos
conducen a EE.UU. De seguro habrá que esperar que el NYT publique la
noticia para que se conozca y se crea.
Hay
mucho en juego para no estudiar al detalle esta experiencia y adoptar
las medidas necesarias para impedir ataques cibernéticos de esta
naturaleza o de otro tipo que sirvan de pretexto para una escalada desde
Estados Unidos contra Venezuela.
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