“La sabiduría de la vida consiste en la eliminación de lo no esencial. En reducir los problemas de la filosofía a unos pocos solamente: el goce del hogar, de la vida, de la naturaleza, de la cultura”.
Lin Yutang
Cervantes
Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.
MIGUEL DE CERVANTES Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.
5 de marzo de 2019
Las presiones norteamericanas a Europa para derribar a Nicolás Maduro
Venezuela
debería haber colapsado ante la enorme presión internacional a la que
se la ha sometido en los últimos años y especialmente en las últimas
semanas. Algo falló. Es pronto y faltan elementos de juicio, pero todo
hace indicar que se ha producido un considerable error de cálculo, pues Venezuela sigue en pie.
Quizás ese sea el motivo que ha provocado que los grandes medios de
comunicación dirijan el foco informativo hacia otros rincones del
planeta: la cumbre Trump-Kim —fracasada—, el Brexit, el conflicto entre
Pakistán y la India o las mentiras de Donald Trump. Venezuela ya no es noticia, es un recuerdo ingrato de lo que debió haber sido.
Sin embargo, Estados Unidos no se rinde y reafirma su apoyo a Juan Guaidó
como único representante de Venezuela. Mike Pence, vicepresidente
norteamericano, intentó desesperadamente reforzar el poder y la
legitimidad del presidente interino, un presidente sin estado mientras
el régimen venezolano no se derrumbe, y Mike Pompeo, secretario de
Estado, pronosticó el fin próximo de Nicolás Maduro. Los Estados Unidos redoblaron la apuesta.
"Es evidente, lo fue desde el principio, que el Gobierno de
Donald Trump era mucho más que conocedor de los planes de Juan Guaidó".
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Se reunieron con el Grupo de Lima
—a la que se ha incorporado el 'gobierno interino' de Juan Guaidó—,
amenazaron con nuevas sanciones y anunciaron la 'inversión' de 56
millones de dólares destinados a los países limítrofes con Venezuela
para compensar la crisis migratoria. Pero, sobre todo, presionaron a los altos mandos militares venezolanos,
a los que todavía se les ofrece amnistía si derrocan a Nicolás Maduro a
la vez que se les amenaza con procesos legales si continuan apoyando al
presidente electo. El posicionamiento del Ejército será definitivo para
el resultado final de la operación norteamericana de sustitución del
Gobierno de Venezuela.
La torsión de la voluntad europea
Estados
Unidos presionó desde el principio, tanto a la Unión Europea como a los
países que la conforman, con el fin de romper toda comunicación con
Nicolás Maduro. Es evidente, lo fue desde el principio, que el Gobierno
de Donald Trump era mucho más que conocedor de los planes de Juan
Guaidó, pues se reunieron con la oposición venezolana y el actualmente autoproclamado presidente interino
la semana anterior al 23 de enero y entre los días 22 y 23 se
comunicaron con distintos actores políticos a los que precisaron que
algo acontecería.
Por
tanto, antes del auto-nombramiento de Juan Guaidó como presidente
interino de Venezuela la diplomacia norteamericana movió sus peones para
conseguir que distintos gobierno europeos, así como la propia Unión
Europea, secundaran su operación. Pero las piezas diplomáticas
norteamericanas encontraron resistencia en el viejo continente
a sus planes, por mucho que la Unión Europea no reconociera la
legitimidad de las elecciones en Venezuela, pues las intenciones
europeas, facilitar el diálogo en Venezuela para encontrar un solución política y pacífica, se encaminaban en la dirección opuesta a las operaciones de Donald Trump.
El
primer movimiento político de Estados Unidos en Europa fue torpedear
toda idea de fomentar el diálogo en Venezuela. Una vez logrado este
movimiento con éxito el siguiente consistía en conseguir que los
europeos se opusieran abiertamente al gobierno de Nicolás Maduro. En
esta segunda parte del plan, el Gobierno norteamericano fracasó
parcialmente. No consiguió una oposición frontal, pero sí un ultimátum
a Venezuela (26 de enero) para que convocara elecciones en ocho días
por los principales países europeos (Alemania, Reino Unido, Francia,
España o Portugal). Cumplido ese día, los países europeos reconocerían
como presidente interino a Juan Guaidó, como finalmente sucedió.
"El ultimátum solo reflejó la desesperación de Europa por verse
forzada contra su voluntad a tomar partido por la oposición venezolana".
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
Sin embargo, aquella medida
adoptada por los principales países europeos, por una mayoría pero no
por todos, no era otra cosa que una cesión a la extrema presión implementada,
lo que no ocultaba del todo la realidad de la posición al respecto de
Europa: no querían reconocer a Juan Guaidó porque, aun estimando que las
elecciones en Venezuela no habían cumplido los requisitos exigibles,
consideraban que el presidente legítimo del país era Nicolás Maduro. El
ultimátum, por tanto, solo reflejó la desesperación de Europa por verse
forzada contra su voluntad a tomar partido por la oposición venezolana,
pues es evidente que si su posición hubiera sido más cercana a la
norteamericana, el 'tiempo de gracia' concedido a Nicolás Maduro no
habría sido tal. De hecho, pocos habrían respirado más aliviados que los
europeos si finalmente se hubieran convocado elecciones en Venezuela.
No sucedió.
Llegados a ese punto –el reconocimiento de Juan
Guaidó por más de la mitad de los países de la Unión Europea e incluso
por parte del Parlamento Europeo, ese momento cumbre en el que la
presión internacional se llevó al extremo–, Europa ya no deseaba otra cosa que la caída de Nicolás Maduro.
No tanto porque lo creyeran justo, ni tan siquiera porque pensaran que
era la solución a la crisis, sino porque la situación se estaba
empezando a descontrolar y lo que inicialmente debería haber sido el
apoyo a una operación norteamericana, rápida y exitosa, para cambiar un
régimen político en Latinoamerica, una de tantas operaciones de
sustitución gubernamental, se complicó y empezó a devenir en un
conflicto que a día de hoy no parece encontrar ni fin ni solución.
El fracaso diplomático
Fue
entonces, a mediados de febrero, cuando los Estados Unidos aumentaron
la presión para conseguir que la Unión Europea reconociera a Juan
Guaidó. No lo consiguieron: la Unión Europea sigue sin reconocer
explícitamente al autoproclamado presidente interino de Venezuela. Ello
provoca que el balance de la operación de derribo y sustitución
gubernamental, a estas alturas, no sea positivo. Si bien han conseguido
que 50 países reconozcan a Juan Guaidó, lo cierto es que más de cien se han negado a ello, así como la Unión Europea, la ONU o el Vaticano.
"Europa apuesta por las elecciones y huye espantada de la
propuesta de los opositores venezolanos y los halcones norteamericanos
para una solución por la fuerza".
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.
De hecho, la Unión Europea ha reafirmado el 25 de febrero su apuesta por el diálogo y ha pedido a las partes que, ante todo, la solución al conflicto sea pacífica, política y democrática.
Europa apuesta por las elecciones y huye espantada de la propuesta de
los opositores venezolanos y los halcones norteamericanos para una
solución por la fuerza: revueltas, guerra civil, golpe de Estado o
intervención militar. Parece, incluso, que todo lo vivido hasta ahora le
disgusta y el complejo escenario creado le aterroriza.
Donald
Trump tardó unos minutos en reconocer a Juan Guaidó, la Unión Europea no
ha sido capaz de hacerlo un mes y medio después. Europa no es capaz de
salir de la indefinición ni el futuro de la incertidumbre.
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