John
Creasy (Denzel Washington) muy mal herido, camina hacia sus captores,
mientras Lupita (Dakota Flemming), llega a los brazos de su madre. Son
las escenas finales de Man on Fire. Ambas se abrazan y lloran mientras
el tipo duro, se entrega heroicamente a la banda de secuestradores.
Pudo
haber sido Robert de Niro en The deer hunter o Silvester Stalone en
cualquier momento de la saga Rambo o Frederick Forsyth con Chacal o Los
perros de la guerra.
En
un momento de la película, Christopher Walken, americano duro,
residente en México y amigo personal de traficantes de armas, le explica
a Gian Carlos Gianini, representante de algún estamento de justicia,
quién es John Creasy:
--Un
artista. Matar es su arte y lo llevará hasta las consecuencias finales.
Él puede hacer en dos horas lo que ustedes serán incapaces de hacer en
toda la vida.
No olvidemos un parlamento similar de Liam Neeson en Taken, mientras habla con el jefe de los secuestradores de su hija:
No olvidemos un parlamento similar de Liam Neeson en Taken, mientras habla con el jefe de los secuestradores de su hija:
--Podemos
negociar ahora, pero le recuerdo que yo tengo algunas habilidades
especiales que utilizaré para encontrarlos y acabar con ustedes.
Unas
escenas después comenzará su exterminio particular de bandas albanesas y
policías corruptos en Francia, incluido un jeque y su yate y su
pandilla, para, con sólo un brazo en cabestrillo, devolver la hija a su
amada madre, en una escena conmovedora.
Sólo nos queda aplaudir, mientras Carlitos Valera nos recuerda que “…una mirada lo dice todo…”.
Haciendo alusión a textos conocidos, pudiéramos decir que ese es “El mundo según Hollywood”, aunque franceses e indios también tengan su versión similar de Man on Fire. Ese mundo de oropeles, donde los boys de EEUU ganaron a España en 1898, a Hitler e Hiro Ito en 1945 o a Viet Nam en 1975.
Haciendo alusión a textos conocidos, pudiéramos decir que ese es “El mundo según Hollywood”, aunque franceses e indios también tengan su versión similar de Man on Fire. Ese mundo de oropeles, donde los boys de EEUU ganaron a España en 1898, a Hitler e Hiro Ito en 1945 o a Viet Nam en 1975.
¿Y la verdad? Y la tozuda realidad, ¿qué nos cuenta?
Los
compoteros de 1961, se entregaban en Girón mientras lloraban por haber
sido embarcados en la expedición de guerra, al decir de Virulo, con más
cocineros en la historia de la humanidad.
Luego
los mercenarios que entre 1975 y 1976, fueron capturados en Angola.
Tristes y arrepentidos por haber equivocado su sentido de la vida… o de
la muerte… diría yo.
Executive
Outcomes, Sandline International, Gukha Security Guards Ltd, SGSI
Group, Blackwater Worldwide o ahora Silvercorp, son conocidas empresas
con pingües ganancias de donde la máquina de sueños, saca a sus
mercenarios héroes.
Claro, los finales no son para filmar.
En
la playa venezolana, la pasada semana, ninguno se quedó en la lancha.
Solo con una Glock, una Browning, una granada sin protección y un zoom
que se aleja, seguido de un fade cuasi infinito. Luego la subida de los
créditos y ya con la pantalla en negro, un grito de guerra de victoria
tarzaniana. O sí.
Mercenarios estadounidenses de la operación Gedeón capturados en Venezuela
Pensándolo bien, sí hubo grito de guerra desde la lancha:
--No tiren que nos rendimos… ah… y por favor… no me pongan en el suelo que el calor puede dañar la delicada piel de mi cara.
¿Cuándo
tendremos la versión peliculera de esas hazañas? Un día, pero el pueblo
pesquero venezolano, seguro que no será protagonista.
The End.
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