Mientras el pequeño grupo visitaba los sectores con el fin de agitarlos en relación con la lucha adelantada, el gerente de AVENSA, Román Neville, palidecía.
El bachiller Ruiz recogía las firmas en unas hojas blancas rayadas con la ayuda de una vieja regla de madera. "Caja Fuerte" tocaba las puertas con la parsimonia de San Francisco de Asís. El bachiller Carlos "Nené" Castillo vencía su dislexia, se montaba en alguna pared o camión, y lanzaba alguna arenga incendiaria comparando los vuelos del 727 con las rabietas de Reagan cuando se descubrió el escándalo "Irán-Contras". Javier no decía nada, su atuendo bastaba. Ramón levantaba de vez en cuando la voz al encontrar a algún acomodaticio, pero al mismo tiempo aprovechaba la ocasión para piropear a alguna vecina escotada. Especialmente a aquella muda de buen ver que los miraba aterrada después de comprender por señas lo que significaba Hiroshima.
Algunos encuentros fueron muy emotivos, como aquel con Maricela. La joven de apenas trece años, oriunda de la Tierra Llana, acompañaba a su abuela hospitalizada. Al verlos en el gran centro asistencial les dijo: "en mi pueblo sólo escucho el dulce cantar de las aves, el silencio de las mariposas y el emocionante sonido del cercano río caudaloso. Aquí vivo una película de terror cada vez que escucho y veo a ese aparato maligno aterrizar. Tengo conciencia subversiva y los apoyo." El silencio arropó cualquier comentario.
En otra ocasión, el contacto con Aurora, vecina de la urbanización "Las Delias, les reafirmó lo acertado de la iniciativa tomada.
-"Las acciones comunales que están haciendo son por el bien de todos. Los sobrevuelos por encima de nuestras casas nos mueven los marcos de las ventanas y las puertas se atascan. Además, miren el cuadro del "Corazón de Jesús", con otro aterrizaje se cae ¡Dios Mío!
Dígame el Maverick, se cubre todos los días de polvo. En tiempos de sequía es terrible, los pequeños remolinos crean pequeñas dunas en el capó."
Por si esto fuera poco la peregrinación cívica los llevó al hogar de unos inmigrantes europeos. Quienes les mostraron en el patio un enorme árbol de bucare.
-"Cuando sale el tren de aterrizaje las ruedas del avión tocan las hojas. Mi esposa, que es sorda, se desconecta el aparato y alivia el trance. Es una pesadilla, nueve y once de la mañana. Tres y cinco de la tarde. Entrada y salida. Todos los días. Ni en el desembarco de Normandía soportamos tanto ruido ¡Concho!" - refirió molesto el ciudadano.
Mérida, 19 de marzo de 2025.