Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
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28 de junio de 2026

Fresco de semilla de melón

 


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De prensabolivariana en junio 28, 2026

La primera vez que Balvina vio un salmón fue en un supermercado de Estados Unidos.  La maravilló la tonalidad de la carne como la del melón que siembran en los campos al pie de la Sierra de las Minas, en su natal Teculután. Emocionada compró una libra y los mismos que le despacharon le dijeron cómo cocinarlo. Por primera vez iba a utilizar un horno de una estufa, a miles de kilómetros se quedó el horno de leña de su mamá. Al contrario de muchos migrantes conocidos suyos que se negaban a probar comidas de otros países Balvina probaba de todo y así fue como por medio de la comida se enamoró de la literatura, porque comenzó a leer buscando información sobre las culturas de la comida que probaba.

Conoció el tofu y lo incluyó en su receta de tortitas de carne con berro, también a veces lo cocina solo, lo pone a que se dore en un sartén al que le deja caer unas gotas de aceite de ajonjolí. Cuando descubrió el aceite de ajonjolí quería comérselo solo así con tortilla caliente. Cuando vio las botellas de aceite de oliva se volvió loca y se gastó lo del pago de una semana y compró varias para mandárselas a su mamá y que les repartiera a sus tías y a sus abuelas El único aceite de oliva que había visto hasta ese momento era el que vendían en botes que compraba en la farmacia con los que su mamá y sus tías les hacían limpia de amebas a todo el cipotal dos veces al año.

Las tomas consistían en cinco cucharadas de aceite de oliva con bicarbonato y jugo de limón, se acostaba la tendalada de niños en el suelo y pasaban las mamás con las manos untadas de aceite de oliva sobándoles las panzas, si mucho diez minutos y ya todos estaban en el baño. Por eso fue se maravilló cuando supo que también se podía usar para cocinar. Pero el día en el que de verdad perdió la razón fue cuando vio los paquetes de calcetas, cada paquete con doce pares de calcetas, ella que había crecido con un par que remendaba a cada rato, sintió haber tocado el cielo cuando pudo comprar cinco paquetes y enviárselos en la caja de la encomienda a su mamá para que se las repartiera con sus tías.

Un día salió tarde del trabajo y no quería cocinar y compró en el supermercado pastel de repollo estilo polaco, lo probó y le gustó. Comenzó a leer sobre Polonia, ahí descubrió el Holocausto y de la fascinación que tienen quienes son de ese país de comer un pescado de nombre carpa, que también llegó a conocer a Estados Unidos. Comiéndose un sándwich conoció a una mesera que era de Moldavia, en su vida había escuchado ese nombre, tampoco el de República Democrática del Congo.

Su vida en Guatemala transcurrió entre campos de cultivo de melón, sandía y tabaco, apenas llegó hasta sexto primaria y jamás en su vida pensó que en su edad adulta viviría en Estados Unidos, ser obrera nunca la asustó pues jornalera fue en Guatemala, entendió desde muy niña que es prácticamente imposible para quien creció en la miseria salir del círculo de pobreza así trabaje como mula, entonces ella aprendió a equilibrar trabajo y recreación. Limpiaba casas de lunes a viernes y los fines de semana eran todos para conocer leyendo, viajar a través de los libros.

Un día se cansó y se largó. No tuvo un motivo preciso que fuera el detonante, solamente el cansancio de las largas jornadas laborales de sol a sol en los surcos. Se fue de mojada como la mayoría y vive sin documentos en Estados Unidos desde hace treinta años. Habla el inglés como si hubiera nacido allí, se devora los libros en la biblioteca en donde pasa horas.  

Un día tomó un libro al azar y se encontró con Uzbequistán y buscó en internet en una computadora de la biblioteca para ver el mapa del mundo y emocionada se encontró con otros países con nombres muy similares. Ahí supo del islam, la otra vez tomó otro y se encontró de golpe con el budismo y conoció el continente asiático. Era tan fascinante todo aquello que Balvina durante un segundo se distrajo y se preguntó cómo hubiera sido haber tenido la oportunidad de haber ido a la universidad, inmediatamente volvió en sí, respiró profundo y sacó de su bolsa un termo y bebió un sorbo de fresco de semilla de melón, siguió leyendo.

Ilka Oliva-Corado.
27 de junio de 2026.
Estados Unidos.
Blog: Crónicas de una Inquilina

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