Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

7 de agosto de 2026

EL FASCISMO CULTURAL por Federico Ruiz Tirado

 


Cuando el tentáculo fascista  atrapa la conciencia humana, estamos quizá ante una de las formas más peligrosas de dominación, porque no necesita cadenas, ni armas,  ni fusilamientos para someter a los débiles y oprimidos: basta con adueñarse de su imaginación y vigilar estrechamente la cotidianidad de las personas a ver si renuncian a su identidad, desprecien sus raíces y terminen defendiendo con fervor a quienes las explotan y hasta a su propia familia si ésta te considera la famosa oveja negra de la estirpe.

Allana el ser

El fascismo cultural es una maquinaria que devora la dignidad y le niega sus propios derechos. Al romper el vínculo con la ancestralidad, la memoria y la cultura propia, esta demoníaca serpiente convierte la sumisión en una aparente virtud y hace que los pueblos olviden quiénes son, facilitando así la perpetuación de cualquier forma de opresión.

Imponer la obediencia

Existe una forma de dominación que surge desde  las penumbras de la subjetividad. Como si un lobo disfrazado de cordero nos asomara sus intenciones salvajes detrás de la puerta. No viste de caqui ni marcha a paso de parada; no requiere tanques ni alambres de espino para imponer la obediencia. El fascismo cultural actúa desde el tuétano, el tejido simbólico, colonizando la imaginación, desarticulando los imaginarios colectivos y reprogramando las identidades hasta lograr que el oprimido perciba su subordinación no como una injusticia, sino como el orden natural de las cosas.

Se instala en el paladar

Al desbaratar el vínculo con la memoria histórica, volverlo metafísico,  etéreo, la ancestralidad y el arraigo territorial se tornan híbridos y esta operación transforma el sometimiento en una aparente virtud republicana o económica.

 

El individuo desposeído de su razón identitaria termina defendiendo con fervor los dogmas e intereses de quienes provocan su propia marginación. La víctima quiere parecerse a ellos, usar sus vestimentas, ingerir sus cócteles, hablar con onomatopeyas sus idiomas, leer sus mismos libros, comer y hacer dietas al estilo de la gastronomía que bien pudiera desprenderse de la pasión de Mussolini por el queso Provolone, como sucede en algunos países como Argentina, Chile y Uruguay. El Fascismo italiano también se instaló en el paladar de los sureños de la América Latina.

La Mecánica del Desarme Simbólico.

El fascismo cultural opera mediante un proceso sistemático de desarticulación y reemplazo de la identidad colectiva. De la mano de la iglesia, la Santísima Trinidad y el sindicalismo más rancio, atacan hasta lograr la invalidación del acervo propio, lo originario, comunitario o autóctono, y es catalogado desde las narrativas dominantes como «atraso», «arcaísmo» o «ineficiencia».

Si usted masca y escupe chimó, o juega dominó en el porche de su vivienda, sin camisa y con unas "frías" abajito de la silleta de cuero de vaca, escuchando su musiquita, es usted un indecente y vulgar que debe cambiar esas costumbres salvajes que pueden ser "identificadas" con un pobre diablo chavista.

Trump nos ha dicho brutalmente "muertos de hambre, pero felices". Esta vulgaridad contiene, desde luego, uno de los rasgos de un demente que no tiene empacho en lanzarla desde el Palacio Oval hasta el fin del mundo, como un dardo de la guerra cognitiva para que se instale el llamado complejo de inferioridad social donde las expresiones culturales nativas pierden legitimidad frente a modelos importados.

La Amnesia Histórico-Social

Se despoja al pueblo de su genealogía de luchas. Sin memoria histórica no hay referente contra el cual contrastar el presente; al perder la conciencia de dónde se viene, se vuelve imposible discernir hacia dónde conducen las políticas de despojo. José Roberto Duque ha abordado este tema haciendo uso de su caleidoscopio personal. Hemos celebrado su opinión con entusiasmo, porque salta el sociologismo y los toques de clarín que hoy saltan como venados a atacar a Delcy después del 3 de enero.

El Sujeto Auto-Reprimido

La violencia ejercida a nivel simbólico conduce a una internalización de la culpa. El trabajador o el campesino no atribuyen su precarización a las estructuras socioeconómicas, sino a sus propias «deficiencias» personales o a la inadaptación a las dinámicas del mercado globalizado.

Estudios de Caso: Dispositivos de Alienación en el Cono Sur.

Para comprender el impacto de este fenómeno en América Latina, es fundamental analizar cómo la imposición ideológica operó en los procesos sociopolíticos contemporáneos de Chile y Argentina.

El Caso Chile y Argentina

Éstas son las palabras claves: Matriz Ideológica Doctrina Neoliberal e Individualismo Propietario. Desprecio de la Identidad Popular e Idealización Exógena.

Dispositivo Cultural Transformación del derecho en bien de consumo (Educación, Salud, Pensiones).

Desmantelamiento de la memoria del movimiento obrero y lo nacional.

Resultado Social Naturalización de la precariedad y ruptura del tejido comunitario. Justificación del despojo bajo el dogma de la eficiencia del mercado.

 

Chile: El Modelo Neoliberal y la Ruptura de la Solidaridad Colectiva

En Chile, tras la imposición del modelo neoliberal a través de la dictadura de Augusto Pinochet y su consolidación durante la transición democrática, el fascismo cultural operó mediante la sustitución del concepto de «ciudadano» por el de «consumidor».

El Mito del Mérito Individual: Se instauró una narrativa socioeconómica donde el bienestar individual depende exclusivamente del esfuerzo personal dentro de un mercado privatizado (AFP, salud privada, educación bancarizada).

Desarticulación Comunitaria: El valor de la solidaridad de clase o de la organización vecinal fue proscrito culturalmente y tachado de subversivo o ineficiente.

Defensa del Modelo por los Afectados: Gran parte de los sectores trabajadores terminó militando activamente en la preservación de instituciones privatizadas que precarizaban sus vidas, percibiendo cualquier intento de democratizar los bienes comunes como una amenaza a la «libertad individual».

Argentina: La Culparización del Trabajo y la Hegemonía del Desprecio Social.

En Argentina, las dinámicas de dominación cultural han fluctuado entre regímenes autoritarios y hegemonías mediáticas que instalaron el desprecio hacia lo popular y las conquistas históricas del movimiento obrero.

Estigmatización de la Memoria Colectiva: Se construyó un discurso donde los derechos laborales alcanzados y la intervención del Estado en la economía son presentados como la causa del atraso del país.

Alineación Cultural Exógena: Se exalta un modelo eurocéntrico o anglosajón en detrimento del arraigo latinoamericano y soberano, haciendo que amplios sectores populares asimilen el lenguaje de la desregulación económica que fragmenta su propia estabilidad laboral.

Auto-odio Clasista: El trabajador precarizado asume el léxico del capital financiero y termina criminalizando las reivindicaciones sociales de sus iguales, apoyando programas económicos de ajuste severo que conducen al cierre de industrias nacionales y al desmantelamiento de la educación y la ciencia públicas.

La Resistencia Cultural como Restauración de la Dignidad

Frente a la colonización de la subjetividad, la emancipación no puede ser meramente económica o política; debe ser, ante todo, una revolución cultural y simbólica.

¿Qué hacer?

Desarticular el fascismo cultural requiere recuperar la pedagogía de la memoria, revalorizar las raíces históricas y comunitarias, y reconstruir una narrativa soberana que dignifique la identidad de los pueblos. Descolonizar la imaginación es el primer paso indispensable para que la sumisión deje de ser percibida como virtud y la libertad vuelva a fundamentarse en la justicia social y la soberanía colectiva.