Cuando
el tentáculo fascista atrapa la
conciencia humana, estamos quizá ante una de las formas más peligrosas de
dominación, porque no necesita cadenas, ni armas, ni fusilamientos para someter a los débiles y
oprimidos: basta con adueñarse de su imaginación y vigilar estrechamente la
cotidianidad de las personas a ver si renuncian a su identidad, desprecien sus
raíces y terminen defendiendo con fervor a quienes las explotan y hasta a su
propia familia si ésta te considera la famosa oveja negra de la estirpe.
Allana
el ser
El
fascismo cultural es una maquinaria que devora la dignidad y le niega sus
propios derechos. Al romper el vínculo con la ancestralidad, la memoria y la
cultura propia, esta demoníaca serpiente convierte la sumisión en una aparente
virtud y hace que los pueblos olviden quiénes son, facilitando así la
perpetuación de cualquier forma de opresión.
Imponer
la obediencia
Existe
una forma de dominación que surge desde
las penumbras de la subjetividad. Como si un lobo disfrazado de cordero
nos asomara sus intenciones salvajes detrás de la puerta. No viste de caqui ni
marcha a paso de parada; no requiere tanques ni alambres de espino para imponer
la obediencia. El fascismo cultural actúa desde el tuétano, el tejido
simbólico, colonizando la imaginación, desarticulando los imaginarios
colectivos y reprogramando las identidades hasta lograr que el oprimido perciba
su subordinación no como una injusticia, sino como el orden natural de las
cosas.
Se
instala en el paladar
Al
desbaratar el vínculo con la memoria histórica, volverlo metafísico, etéreo, la ancestralidad y el arraigo
territorial se tornan híbridos y esta operación transforma el sometimiento en
una aparente virtud republicana o económica.
El
individuo desposeído de su razón identitaria termina defendiendo con fervor los
dogmas e intereses de quienes provocan su propia marginación. La víctima quiere
parecerse a ellos, usar sus vestimentas, ingerir sus cócteles, hablar con onomatopeyas
sus idiomas, leer sus mismos libros, comer y hacer dietas al estilo de la
gastronomía que bien pudiera desprenderse de la pasión de Mussolini por el
queso Provolone, como sucede en algunos países como Argentina, Chile y Uruguay.
El Fascismo italiano también se instaló en el paladar de los sureños de la América
Latina.
La
Mecánica del Desarme Simbólico.
El
fascismo cultural opera mediante un proceso sistemático de desarticulación y
reemplazo de la identidad colectiva. De la mano de la iglesia, la Santísima
Trinidad y el sindicalismo más rancio, atacan hasta lograr la invalidación del
acervo propio, lo originario, comunitario o autóctono, y es catalogado desde
las narrativas dominantes como «atraso», «arcaísmo» o «ineficiencia».
Si
usted masca y escupe chimó, o juega dominó en el porche de su vivienda, sin
camisa y con unas "frías" abajito de la silleta de cuero de vaca,
escuchando su musiquita, es usted un indecente y vulgar que debe cambiar esas
costumbres salvajes que pueden ser "identificadas" con un pobre
diablo chavista.
Trump
nos ha dicho brutalmente "muertos de hambre, pero felices". Esta
vulgaridad contiene, desde luego, uno de los rasgos de un demente que no tiene
empacho en lanzarla desde el Palacio Oval hasta el fin del mundo, como un dardo
de la guerra cognitiva para que se instale el llamado complejo de inferioridad
social donde las expresiones culturales nativas pierden legitimidad frente a
modelos importados.
La
Amnesia Histórico-Social
Se
despoja al pueblo de su genealogía de luchas. Sin memoria histórica no hay
referente contra el cual contrastar el presente; al perder la conciencia de
dónde se viene, se vuelve imposible discernir hacia dónde conducen las
políticas de despojo. José Roberto Duque ha abordado este tema haciendo uso de
su caleidoscopio personal. Hemos celebrado su opinión con entusiasmo, porque
salta el sociologismo y los toques de clarín que hoy saltan como venados a
atacar a Delcy después del 3 de enero.
El
Sujeto Auto-Reprimido
La
violencia ejercida a nivel simbólico conduce a una internalización de la culpa.
El trabajador o el campesino no atribuyen su precarización a las estructuras
socioeconómicas, sino a sus propias «deficiencias» personales o a la
inadaptación a las dinámicas del mercado globalizado.
Estudios
de Caso: Dispositivos de Alienación en el Cono Sur.
Para
comprender el impacto de este fenómeno en América Latina, es fundamental
analizar cómo la imposición ideológica operó en los procesos sociopolíticos
contemporáneos de Chile y Argentina.
El
Caso Chile y Argentina
Éstas
son las palabras claves: Matriz Ideológica Doctrina Neoliberal e Individualismo
Propietario. Desprecio de la Identidad Popular e Idealización Exógena.
Dispositivo
Cultural Transformación del derecho en bien de consumo (Educación, Salud,
Pensiones).
Desmantelamiento
de la memoria del movimiento obrero y lo nacional.
Resultado
Social Naturalización de la precariedad y ruptura del tejido comunitario.
Justificación del despojo bajo el dogma de la eficiencia del mercado.
Chile:
El Modelo Neoliberal y la Ruptura de la Solidaridad Colectiva
En
Chile, tras la imposición del modelo neoliberal a través de la dictadura de
Augusto Pinochet y su consolidación durante la transición democrática, el
fascismo cultural operó mediante la sustitución del concepto de «ciudadano» por
el de «consumidor».
El
Mito del Mérito Individual: Se instauró una narrativa socioeconómica donde el
bienestar individual depende exclusivamente del esfuerzo personal dentro de un
mercado privatizado (AFP, salud privada, educación bancarizada).
Desarticulación
Comunitaria: El valor de la solidaridad de clase o de la organización vecinal
fue proscrito culturalmente y tachado de subversivo o ineficiente.
Defensa
del Modelo por los Afectados: Gran parte de los sectores trabajadores terminó
militando activamente en la preservación de instituciones privatizadas que
precarizaban sus vidas, percibiendo cualquier intento de democratizar los
bienes comunes como una amenaza a la «libertad individual».
Argentina:
La Culparización del Trabajo y la Hegemonía del Desprecio Social.
En
Argentina, las dinámicas de dominación cultural han fluctuado entre regímenes
autoritarios y hegemonías mediáticas que instalaron el desprecio hacia lo
popular y las conquistas históricas del movimiento obrero.
Estigmatización
de la Memoria Colectiva: Se construyó un discurso donde los derechos laborales
alcanzados y la intervención del Estado en la economía son presentados como la
causa del atraso del país.
Alineación
Cultural Exógena: Se exalta un modelo eurocéntrico o anglosajón en detrimento
del arraigo latinoamericano y soberano, haciendo que amplios sectores populares
asimilen el lenguaje de la desregulación económica que fragmenta su propia
estabilidad laboral.
Auto-odio
Clasista: El trabajador precarizado asume el léxico del capital financiero y
termina criminalizando las reivindicaciones sociales de sus iguales, apoyando
programas económicos de ajuste severo que conducen al cierre de industrias
nacionales y al desmantelamiento de la educación y la ciencia públicas.
La
Resistencia Cultural como Restauración de la Dignidad
Frente
a la colonización de la subjetividad, la emancipación no puede ser meramente
económica o política; debe ser, ante todo, una revolución cultural y simbólica.
¿Qué
hacer?
Desarticular
el fascismo cultural requiere recuperar la pedagogía de la memoria, revalorizar
las raíces históricas y comunitarias, y reconstruir una narrativa soberana que
dignifique la identidad de los pueblos. Descolonizar la imaginación es el
primer paso indispensable para que la sumisión deje de ser percibida como
virtud y la libertad vuelva a fundamentarse en la justicia social y la
soberanía colectiva.