Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

22 de octubre de 2026

La Política ha muerto, viva la Política

 


Grima Gallardo, P. Centro de Estudios en Semiconductores (CES). Departamento de Física. Facultad de Ciencias. Universidad delos Andes (ULA). Mérida. Venezuela.

Dubraska Emperatriz Durango de Grima. Universidad Experimental de los Llanos Occidentales "Ezequiel Zamora". Barinas. Venezuela.

 

Resumen

La distinción aristotélica entre la política como orden normativo, gestión honesta de recursos y resolución pacífica de conflictos parece hoy desplazada por una práctica degenerada que se conoce como "politiquería". Este ensayo sostiene que la política con mayúscula no ha muerto, sino que ha sido secuestrada por una lógica de supervivencia electoral y personalismo que vacía su contenido ético. A partir de la Política de Aristóteles, se argumenta que la recuperación de lo político exige restaurar el bien común como criterio de legitimidad, la ley como límite al poder y la virtud cívica como condición del ciudadano. La tesis central es que solo reconociendo la degradación puede activarse la resistencia: la política verdadera sobrevive como exigencia y como posibilidad.

Palabras clave: Aristóteles, politiquería, bien común, virtud cívica, crisis de representación.

I. Introducción

Aristóteles no escribió la Política como un manual de campaña. Escribió sobre la pólis porque le preocupaba una pregunta que sigue siendo incómodamente actual: ¿qué hace que una comunidad de seres humanos sea algo más que un agregado de intereses particulares? Su respuesta, condensada en la idea de que el fin de la comunidad política es "vivir bien" y no solo vivir , establece un criterio que permite juzgar cualquier práctica que se autodenomine política. Bajo ese criterio, buena parte de lo que hoy llamamos política no lo es.

El título de este ensayo juega con una ambigüedad deliberada. "La Política ha muerto" no es un diagnóstico de defunción, sino una acusación: lo que ha muerto es la política entendida como servicio al bien común. "Viva la Política" es una insistencia: la política verdadera sobrevive como exigencia ética y como posibilidad práctica, incluso cuando el espectáculo cotidiano la niega.

II. Lo que Aristóteles entendía por política

Para Aristóteles, la política no es una técnica de conquista del poder, sino una actividad orientada a un fin que trasciende a quien la ejerce. El fin de la comunidad política es el bien común, y ese bien no se reduce a la prosperidad material: consiste en "vivir conforme a la virtud, especialmente conforme a la justicia" . El gobernante no es un administrador de intereses privados elevado a escala pública; es alguien que debe poseer la doble virtud del buen ciudadano y del hombre de bien .

De esta concepción se derivan tres exigencias que el propio texto aristotélico articula con claridad. Primera, la soberanía de la ley: Aristóteles prefiere que gobierne la ley antes que un ciudadano, porque "el hombre se corrompe ante el atractivo del instinto y las pasiones" cuando está en el poder, mientras que la ley es "inteligencia sin ciegas pasiones". Segunda, la distinción entre formas rectas y desviadas de gobierno: la monarquía, la aristocracia y la politeia buscan el bien común; la tiranía, la oligarquía y la demagogia buscan el bien particular de quien gobierna. Tercera, la centralidad de la educación cívica: un Estado es virtuoso solo cuando todos los ciudadanos lo son, y la virtud no se improvisa.

Estos tres elementos corresponden, en términos contemporáneos, a lo que el planteamiento inicial de este ensayo identifica como los tres pilares de la Política con mayúscula: orden normativo, gestión honesta de lo común y resolución pacífica de conflictos. Aristóteles no los habría formulado en esos términos, pero su arquitectura conceptual los contiene.

III. La politiquería como degeneración

Lo que hoy ocupa el lugar de la política no es su negación frontal, sino su caricatura. La politiquería, en el sentido que aquí se emplea, no es simplemente la corrupción evidente ni el clientelismo descarado. Es algo más sutil y más corrosivo: la sustitución del bien común por la supervivencia del actor político como criterio organizador de toda acción pública.

Sus síntomas son reconocibles. El politiquero "utiliza diversas prácticas para influenciar y manipular mediáticamente a las masas", apelando más a la emoción que a la reflexión y empleando mensajes de una simplicidad que subestima deliberadamente la inteligencia del ciudadano. En campaña ofrece  y al llegar al poder difiere o abandona lo prometido. La política se convierte así en una profesión de gestión de percepciones, no de resolución de problemas.

La literatura reciente sobre partidos políticos confirma esta deriva desde otro ángulo. Las organizaciones partidistas contemporáneas han evolucionado hacia "organizaciones orientadas electoralmente que buscan maximizar votos más que representar sectores sociales específicos". Esta transformación "confunde a los electores al reducir las diferencias programáticas entre partidos" y "facilita el surgimiento de liderazgos outsiders que prometen romper con el sistema". El resultado es una espiral: cuanto menos representa la política institucional, más espacio cede a quienes la atacan desde fuera; y cuanto más débil es la política, más se fortalece la politiquería.

El presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Theodore Rousopoulus, lo formuló con crudeza en 2025: "El político serio está perdiendo terreno frente al político populista, que se centra principalmente en la supervivencia personal en el poder". Y añadió un dato que debería inquietar: "Las generaciones más jóvenes ya no valoran la democracia como lo hacían quienes vivían bajo el autoritarismo". La politiquería no solo degrada la práctica política; erosiona la fe en la posibilidad misma de una política digna.

IV. La falsa muerte y la resistencia posible

Si la política con mayúscula hubiera muerto realmente, no habría nada que reclamar. El hecho de que la acusación de "politiquería" tenga sentido, de que el ciudadano reconozca la diferencia entre un estadista y un intrigante, indica que el criterio aristotélico sigue operando, aunque sea como nostalgia o como indignación.

La política sobrevive en tres resistencias concretas. Primera, en la exigencia de legalidad: cada vez que se denuncia que un gobierno actúa fuera de la ley, se está invocando implícitamente la primacía aristotélica de la norma sobre el gobernante. Segunda, en la demanda de transparencia: cuando se reclama saber en qué se gastan los recursos públicos, se está afirmando que la gestión de lo común no es propiedad de quien lo administra. Tercera, en el rechazo a la polarización como método: la resolución pacífica de conflictos presupone que el adversario no es un enemigo a destruir, sino un interlocutor con quien se comparte una comunidad política.

Estas resistencias no son heroicas. Son cotidianas, dispersas y a menudo derrotadas. Pero constituyen la prueba de que la política no ha muerto: está herida, está desplazada, está en minoría, pero sigue siendo el horizonte normativo desde el cual juzgamos la decadencia.

Conclusiones

La Política de Aristóteles no ofrece soluciones técnicas a los problemas del siglo XXI. Ofrece algo más útil: un conjunto de criterios para distinguir la política de su simulacro. El criterio del bien común, la primacía de la ley y la exigencia de virtud cívica siguen siendo válidos porque describen lo que una comunidad política debe ser para merecer ese nombre.

La politiquería triunfa cuando logra que los ciudadanos confundan la política con lo que ella hace. El desafío no es inventar una política nueva, sino recuperar la vieja: la que Aristóteles describió no como un ideal inalcanzable, sino como la condición de posibilidad de una vida digna en común. "La Política ha muerto" es la constatación del presente. "Viva la Política" es la apuesta por un futuro que no está garantizado, pero que tampoco está clausurado.

Referencias

Aristóteles. Política.

https://upcndigital.org/~ciper/biblioteca/Filosofia%20griega/Aristoteles%20-%20Politica.pdf

Aristóteles. Política. Introducción, traducción y notas de Manuela García Valdés. Editorial GREDOS, S. A. U., 2008 López de Hoyos, 141, 28002-Madrid. ISBN 978-84-249-1283-3.

Freidenberg, F. y Casullo, M. E. (18 de enero de 2020). El vaciamiento del centro (para volver a llenarlo). Diario El Universal. Citado en revistas.unla.edu.ar .

Rousopoulos, T. Consejo de Europa. (2025, 30 de julio). “El político serio está perdiendo terreno frente al político populista”. 

https://www.coe.int/es/web/portal/-/-the-serious-politician-is-losing-ground-to-the-populist-warns-parliamentary-assembly-president