Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

4 de febrero de 2014

La muerte de la solución de dos Estados

Aunque los palestinos aceptaran todas las premoniciones de Israel para las negociaciones de paz, el gobierno israelí inventaría, seguramente, nuevas y más ridículas condiciones para demorar aún más la creación de un estado palestino viable.

Esto no debería sorprender a nadie, pues el ex primer ministro israelí Isaac Rabin dijo, antes de ser asesinado por un extremista judío, que deseaba poder despertarse un día y ver que el mar se había tragado Gaza. Su sucesor, Benjamín Netanyahu, añadió: “Si solo los palestinos desaparecieran de la faz de la tierra” [Recordemos que entonces en la Franja de Gaza también vivían colonos judíos, N. del T.]. Esa es la actitud predominante que da forma al planteamiento israelí de las negociaciones.
Los israelíes no quieren que los palestinos tengan un estado independiente, aunque el mismo solo tenga de independiente la fachada. Si Israel ni siquiera quiere que los palestinos tengan una entidad independiente, ¿cómo va a querer que tengan un estado? Esta es la razón por la que siguen inventando precondiciones difíciles en un intento de prolongar el “proceso de paz” y retrasar la creación de un estado palestino que, según creen, sería una amenaza para Israel y conduciría a su eventual muerte, aunque fuera un estado desmilitarizado y carente de plena soberanía.
Por esta razón, Israel ha afirmado que Jerusalén ha de ser “la capital eterna e indivisa de Israel” y también rechaza completamente el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Cuando el presidente de EEUU Bill Clinton propuso un retorno limitado de refugiados a través de la reunificación familiar, lo cual ha sido defendido recientemente por el secretario de estado John Kerry, los israelíes rechazaron tajantemente la propuesta. Por otro lado, Israel ha propuesto un intercambio de tierras del área conocida como el Triángulo, que es el hogar de la mayoría de los palestinos que viven en Israel, por los grandes bloques de asentamientos de Cisjordania. Israel sabe que la mayoría de sus ciudadanos palestinos rechazará la propuesta y que la Autoridad Palestina no la aceptará bajo ninguna circunstancia, ya que supondría la aceptación de desplazamientos de palestinos de sus actuales hogares.
Israel tiene una lista de bloques de asentamientos (todos ilegales según el derecho internacional) que pretende anexionarse como parte de un acuerdo con los palestinos. Así se lo ha dicho Netanyahu a Kerry. Los cuatro bloques en cuestión albergan a un total de 400.000 colonos.
La última condición impuesta por Israel es mantener sus tropas en el valle del Jordán, que es la frontera natural entre Cisjordania y Jordania. El gobierno de Netanyahu ha rechazado la propuesta de Kerry para establecer una fuerza internacional o estadounidense en ese área, que habría de servir para despejar los temores relacionados con la seguridad. Esto sugiere que Israel podría incursionar en territorio palestino siempre que lo considere pertinente. Esto no es ficción, ni una mera hipótesis de “qué pasaría si…”. Vimos cómo justificó Ariel Sharon la invasión de los territorios palestinos en 2002. No necesitó ninguna excusa para volver a ocupar todo el territorio palestino que podía formar parte del nuevo estado. En otras palabras, si Israel abandona Palestina por la puerta principal, encontrará una forma de volver a entrar por la ventana.
Dejando a un lado la cuestión de los territorios, Israel insiste en que los palestinos deben reconocer Israel como “estado judío”. La aceptación de este último invento pondría en peligro, necesariamente, la seguridad de los palestinos que viven en Israel. Tendríamos a unos palestinos aprobando el desplazamiento forzoso de otros palestinos, obligados a dejar su tierra. Los palestinos estarían aceptando, también, que Palestina es la patria histórica de los judíos y que Palestina “era una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, sin historia árabe o musulmana.
A pesar de que eran dos cuestiones que, según los acuerdos de Oslo, debían formar parte de un “acuerdo final”, los israelíes están empeñados en rechazar cualquier compromiso sobre el estatus de Jerusalén y el derecho de los refugiados a retornar a sus hogares. Según establece la ley israelí, todo jefe de estado y miembro del gobierno, actual o futuro, tiene prohibido discutir o negociar estos dos asuntos sin la aprobación del parlamento. Debido a la naturaleza cambiante de la política israelí, que se está escorando cada vez más hacia posturas extremistas, esto significa, más o menos, que, tal como están las cosas, estos dos asuntos nunca estarán en la mesa de negociaciones.
Israel se anexionó ilegalmente Jerusalén en 1967 y, desde entonces, se ha negado a abordar este tema en todas las conversaciones. Está fuera de toda discusión, aunque en Oslo se acordara lo contrario. Si el parlamento israelí se niega a modificar su postura, es muy posible que fracasen todas las conversaciones y que la firme negativa de Israel a hablar de la naturaleza misma de una solución de dos estados conduzca a la muerte del proceso de paz. Por otro lado, la insistencia de Israel en preservar el “carácter judío del estado” imposibilita que este sea una auténtica democracia. Puede ser judío o puede ser democrático, pero no ambas cosas.
La muerte de la solución de dos estados no se produce por casualidad. Ha sido el resultado de muchos factores, mencionados anteriormente. Esos factores han hecho que sea imposible establecer un estado palestino integrado sobre territorios contiguos, pues la expansión de los asentamientos sigue confiscando tierras palestinas con el pretexto de la seguridad israelí, que es la principal excusa para no permitir la creación de un estado palestino independiente y viable. A pesar de esto, palestinos y árabes siguen hablando obstinadamente de una solución de dos estados, ignorando la evidente imposibilidad de su realización. La solución de dos estados es únicamente una ilusión. Los palestinos tienen que seguir adelante y no agarrarse a una opción imposible.
Fuente: The demise of the two-state solution
Acerca del traductor: Javier Villate mantiene el blog Disenso, con artículos, análisis y traducciones sobre Palestina, Israel y Medio Oriente. Le puedes seguir en Twitter como @bouleusis
Dr. Fayez Rachid, Middle East Monitor / Traducción: Javier Villate - Blog Disenso

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