Guadi Calvo* / Resumen Latinoamericano/ 26 de dic. 2017 .-
La
Unión Europea sigue pagando caro las consecuencias de sus políticas de
seguidismo a los Estados Unidos, fundamentalmente en lo que se refiere a
la “guerra contra el terrorismo” establecida por George W. Bush en
2001, de la que la OTAN ha sido el brazo ejecutor, que no solo ha
producido millones de muertos, la destrucción de naciones enteras:
Libia, Siria, Irak, Yemen, Afganistán y algunos etcéteras más, docenas
de letales ataques en su propio territorio, Madrid, Londres, Paris,
Niza, Manchester, Barcelona y otro larguísimo etcétera, sino que generó
alianzas imprevistas como la de Rusia, China, Turquía e Irán; una ola
migratoria de la que no había registro desde la II Guerra Mundial,
obligando a millones de ciudadanos de los países a los que destruyeron
intenten buscar refugio en la casa de sus propios verdugos, tras lo que
estalló la xenofobia, la islamofobia y el antieuropeismo con el resurgir
de las expresión más recalcitrantes de la ultraderecha, que no solo
está ganando las calles, sino muchos gobiernos y acrecentado en otros
las serlo como Polonia, Hungría, República Checa, Suecia, Dinamarca, y
en el segundo ítem, Alemania, Grecia, Austria, Eslovaquia, entre otros.
La mismas razones han traído la guerra otra vez al continente, ya que
Ucrania, UE los coqueteos de la UE, articulados por el Departamento de
Estado, abrió la opción neo nazi de la Revolución del Maidán, que
terminó con el derrocamiento de un gobierno constitucional y la
instauración del magnate Petro Poroshenko y la banda de fascistas con
los que gobiernan, para iniciar una guerra contra los movimientos
separatistas del este del país que a más de tres años de iniciada no se
resuelve. De todos estos crímenes europeos surgió, quizás el más grave
error para su propia subsistencia el de la deflagración interna de la
propia Unión Europea, cuya más resonante llamarada fue la salida del
Reino Unidos de la UE o mejor conocido como Brexit, pero evidentemente no él único.
Bruselas
sede de la Unión Europea (UE), se encuentra una a vez más en alerta
máxima ya que acaba de activar lo que se conoce como “botón nuclear”, el
artículo 7 de su Tratado, que impone sería sanciones a los países
miembros cuándo se encuentra amenazado el Estado de Derecho, que podría
terminar con la suspensión de su derecho a voto en las instituciones de
la UE, además y fundamentalmente sanciones económicas ya que podrían
impedirse la llegada de los “fondos de cohesión” que otorga la UE, y de
los que Polonia fue el más beneficiado. Varsovia hasta 2021, tendría que
recibir unos 229000 millones de euros, lo que de lo contrario haría
estremecer su economía en franco crecimiento, que en los tres últimos en
los últimos tres ejercicios, el PIB per cápita ha bajando a un 5% las
tasas de desocupación.
Polonia,
al igual que otros muchos países europeos, ha radicalizado sus posturas
frente a las decisiones de Bruselas a partir de la crisis de los
refugiados y como su socio político Hungría, se niega a recibir
refugiados en su territorio, desobedeciendo una resolución de la UE.
Otro claro desafió a la UE es el inició de la explotación comercial del
bosque de Bialowieza, un área de importante valor ecológico, protegida
durante siglos, por lo que Bruselas implementará una multa de 100 mil
euros diarios sino detiene la tala.
En
el orden represivo el gobierno del PiS ha aprobado una ley dando el
control a la policía para espiar el uso de Internet, correos
electrónicos y móviles sin autorización judicial
Desde
su llegada, en 2015, al poder, los nacionalistas conservadores del
partido Ley y Justicia (PiS), respaldándose en el apoyo electoral (37%)
iniciaron una serie de reformas que han modificado el ejercicio de
instituciones básicas como el Tribunal Constitucional, pasando por el
Consejo Nacional de la Judicatura, que se encarga del nombramiento de
jueces. Incluso afectado tribunales ordinarios y a la fiscalía.
Según
Frans Timmermans, vicepresidente primero de la Comisión Europea, las
trece leyes adoptadas desde la asunción del PiS, interfieren en la
composición, los poderes, la administración y el funcionamiento de las
autoridades judiciales. Aunque lo que disparó las alertas de Bruselas
han sido las dos últimas reformas que el propio presidente Andrzej Duda,
había negado a mediados de este año y establece la rebaja de 70 a 65 la
edad de retiro obligatorio para los miembros del Tribunal Supremo,
aunque guarda una clausula sobre el poder discrecional del gobierno,
para eximir a ciertos jueces de esta decisión. La otra medida refiere al
traspaso del Poder Judicial al Parlamento, del Consejo Nacional de la
Judicatura, a cargo de la administración del organismo que regula la
elección de jueces. Estas mediadas para Duda, democratizaran el sistema
judicial y devolverán a los ciudadanos: “la fe en la justicia, la fe en
los tribunales polacos y la fe en la administración de justicia”, donde,
según él, todavía quedan enquistados elementos de la era soviética.
La
Comisión Europea dio a Varsovia un plazo de 90 días para la revocación
de las reformas por lo de no cumplirlo Polonia quedaría excluida de la
elaboración de las leyes que rigen la Unión Europea. Tras la advertencia
el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, invitó al Primer
Ministro, Mateusz Morawiecki, a reunirse en Bruselas el 9 de enero para
discutir sobre la situación. Además, la Comisión, presentó su denuncia
frente al Tribunal de Justicia de Luxemburgo.
El
actual presidente del Consejo Europeo y ex primer ministro polaco
Donald Tusk, se ha convertido en el enemigo número del gobierno del PiS,
cuyo presidente Jaroslaw Kaczynski, el verdadero hombre fuerte del
país, que digita todas las cuerdas de poder, hermano gemelo de Lech, ex
presidente de la República, quien murió ejerciendo el cargo, en 2010 en
un accidente aéreo, mientras Tusk era Primer Ministro y a quien
responsabilizan del hecho, Ahora es señalado como el instigador de las
acciones de Bruselas contra Polonia.
Las
críticas a Polonia por parte de la UE, no dejan de ser llamativas, ya
que varios países de dicho tratado, cómo Francia, Alemania, Holanda o
Luxemburgo entre otros, tienen en algunos casos las mismas legislaciones
que ahora intenta establecer el gobierno de PiS.
No
deja de ser sugestiva, la dureza de la UE hacia Polonia, ya que este
país, dada su posición geográfica, ya que cuenta con una importante
frontera con Rusia, cumplió un rol fundamental para los intereses
occidentales en esta larvada guerra fría, recibiendo importantes
unidades militares de la OTAN, donde se han realizado ejercicios
conjuntos, además de haberse prestado para que los Estados Unidos,
establezcan cárceles secretas y dio apoyo logístico y estratégico a las
bandas neo fascistas de Ucrania.
Defensa húngara, enroque británico
El
Gobierno del PiS, ha alentado a los sectores de la ultraderecha que
siguen en franco crecimiento, y en muchos casos actuando como fuerza de
choque y accionar parapolicial, se estima un total de 200 mil hombres en
todo el país, contra todo aquello que huela al pasado comunista, como
haber quitado las jubilaciones a todos los funcionarios y militares del
comunismo o la difamación publica del periodista y escritor Ryszard
Kapuściński, una de las figura intelectuales más importantes del país
hasta su muerte en 2007.
Una
espectacular muestra de esa fuerza se acaba de desarrollar en Varsovia,
el 11 de noviembre pasado, donde más de 60 mil ultranacionalistas, para
lo que se concreta en cada oportunidad un “tratado de paz” entre los
jefes de los hooligans
locales, para realizaron la marcha anual por el día de la
Independencia, bajo la consigna “Queremos a Dios”, con pancartas contra
la Unión Europea, el islamismo o la política de acogida a refugiados de
Bruselas. La marcha que recorrió muchas calles de la capital al grito de
“Fuera inmigrantes” y reclamando por un “holocausto islámico”, para el
ministro del Interior, Mariusz Błaszczak, fue una “bella imagen”
mientras que los medios oficiales la titularon como “gran marcha de
patriotas”.
Según,
Robert Bakiewicz, uno de los organizadores la consigna pretendía
recordar que Polonia es el “bastión de la fe y la religiosidad”. El lema
“Queremos a Dios” pretende, según los organizadores de la marcha,
recordar que Polonia es el “bastión de la fe y la religiosidad” en una
Europa, asaltada por el ateísmo”. En la misma dirección van las
declaraciones de Jaroslaw Kaczynski, que ha sugerido que el choque de
Varsovia con Bruselas está cercano, y que el PiS, no quiere salirse de
la UE, ya que el continente debe iniciar un cambio liderado por Polonia,
“para recuperar los valores fundamentales, la verdadera libertad y al
fortalecimiento de nuestra civilización basada en el cristianismo”.
Mientras que el recién nombrado Primer Ministro, Mateusz Morawiecki, en
remplazo de la poderosa Beata Szydło, vicepresidenta del PiS, declaró
que: “Polonia es parte de la Unión Europea, pero queremos transformarla
para recristianizarla”.
Este
choque de la UE con Varsovia, podría conseguir la consolidación
definitiva del Grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, la República Checa y
Eslovaquia), uno de los más fieles aliado de Polonia, es el presidente
húngaro Víctor Orban, otro autócrata en ciernes, para quién “el mejor
inmigrante es el que no viene”, declaró que haría todo lo posible para
evitar las sanciones contra Polonia, en la misma dirección opinó
Rumania, que también ha llevado a cabo reformas judiciales similares y
que preocupan a Bruselas.
En
plena ola de discusiones y amenazas la primera ministra británica,
Theresa May, junto a los ministros de exteriores y defensa británicos,
Boris Johnson y Gavin Williamson, visitó Varsovia el último jueves 21,
para cuyas políticas cualquier reyerta en el interior de la UE, es un
posible beneficio para ellos y para su socio mayor los Estados Unidos.
Europa
esta pagando caro sus errores, por lo que la tentación autoritaria de
Polonia y otras naciones solo es una de las muchas consecuencias.
*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.
Foto: Manifestación contra el Gobierno del PiS en Varsovia. PAWEL SUPERNAK EFE / MARÍA SAHUQUILLO / QUALITY