Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

16 de marzo de 2026

¿Para qué elecciones y democracia, si EE UU hace con el mundo lo que le da la gana? Vean esto, contundente!…

 

José Sant Roz

  1. La verdadera izquierda no puede ganar una elección en el mundo porque de ipso facto EE UU no las reconoce. Jamás vio con buenos ojos las victorias de Isaías Medina Angarita (ganó las elecciones en 1941, limpiamente) y tampoco la de Rómulo Gallegos (ganó las elecciones limpiamente en 1947), y de hecho a ambos los derrocaron los gringos, al primero el 18 de octubre de 1945 y al segundo el 24 de noviembre de 1948. Luego ordenó el asesinato del presidente Carlos Delgado Chalbaud el 13 de noviembre de 1950, por intentar conformar la primera organización de países petroleros del mundo junto con Irán.
  2. EE UU impuso como presidente a partir de 1952 a Marcos Pérez Jiménez, pero cuando éste en 1956 se les distanció e intentó seguir una política soberana e independiente, ordenó su derrocamiento. Siempre he insistido en que no fue el pueblo venezolano el que derrocó a Pérez Jiménez, y eso está suficientemente documentado. Una vez derrocado Pérez Jiménez, durante la década de los sesenta y setenta, el imperio logró imponer la llamada Doctrina Betancourt (junto con el costarricense Pepe Figuera y el puertorriqueño Luis Muñoz Marín) en América Latina, que consistía, en apoyar supuestos partidos que con el velo de nacionalistas y soberanos, se hiciesen con el poder, pero siempre controlados en todas sus políticas por el Departamento de Estado Norteamericano. Así quedaron revestidos como “democráticos” los gobiernos dictatoriales que regían los destinos de países como la propia Venezuela, Perú, Haití, Panamá, Colombia, Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Guatemala y México.
  3. Estados Unidos nunca reconoció el triunfo de Salvador Allende, e hizo lo imposible por derrocarlo, y no sólo lo derrocó sino que también lo asesinó, y una vez elevado al poder el abominable dictador Pinochet, los gringos y los ingleses lo apoyaron fervorosamente. Lo cual demuestra que ni los gringos ni los europeos jamás han creído en democracia. Este mismo método de desconocimiento de procesos democráticos en el mundo, lo han venido aplicando desde hace setenta años tantos los gringos como los europeos en África y Asia.
  4. El ejemplo más elocuente, determinante y formal de lo que venimos sosteniendo, de que gringos y europeos no reconocen gobiernos surgidos auténticamente de procesos electorales limpios, lo vemos reconfirmado una vez más en el caso de Venezuela, cuando en 1998 Chávez triunfa clara y contundentemente. A partir de este momento se desataron todos los atentados, actos terroristas y demás demonios contra nuestro país. Chávez arrasaba en todas las contiendas, logró que se aprobara la Constituyente de 1999, con el 88% de los votantes. Eso EE UU y la Unión Europea lo vieron con muy malos ojos. Eso no podía ser legal ni democrático para ellos. De inmediato, estos dos imperios se prepararon para “devolverle” la democracia a Venezuela mediante un golpe de estado el cual dieron el 11 de abril de 2002.
  5. Seguidamente, derrotado el impero euro-gringo en 2002, recogieron sus banderas y prepararon otros escenarios más criminales y virulentos, con el llamado paro petrolero. Derrotados nuevamente, vino el referendo revocatorio presidencial, en el cual Chávez revolcó a la derecha imponiéndose con el 60% de los votos, lo cual fue desconocido por el imperio euro-americano. Eso para ello no podía ser ni cierto ni legal y echaron mano de los argumentos de los sionistas Ricardo Hausmann[1] (de la prestigiosísima Harvard University) y Roberto Rigobon (del prestigiosísimo Massachussets Institute of Technology) para probar que los resultados habían sido al revés, es decir que fue la oposición quien obtuvo el 60%. Este estudio fue solicitado por Súmate quien además preparó las bases de datos que Hausmann y Rigobon utilizaron para publicar un burdo paper que titularon “En busca del cisne negro: Análisis de la evidencia estadística sobre fraude electoral en Venezuela”. En este paper Hausmann y Rigobon agradecían “el muy importante esfuerzo de recolección de información que esto representó para dicha organización. Igualmente estamos muy en deuda con un asiduo colaborador quien por razones institucionales debe permanecer anónimo… Las opiniones emitidas en este reporte y los errores que hayamos podido cometer son nuestra responsabilidad y no comprometen ni a Súmate ni a las instituciones universitarias a las que pertenecemos”.
  6. Demás está decir que todas las restantes elecciones, limpias, vigiladas por el Centro Carter (con el ex presidente Carter en vida y consciente) todas las ganó Chávez hasta 2012, pero jamás reconocidas por EE UU ni la Unión Europea. Con Chávez, los gringos se mantuvieron en una oposición aparentemente semi-neutral, ni lo uno ni lo otro ni todo lo contrario, pero agazapados cautelosamente para dar el zarpazo, el cual concluyó finalmente con el envenenamiento del comandante.
  7. Al morir Chávez fue radicalizándose el imperio euro-gringo, hasta que frontalmente lanzó el Decreto Barack Obama, aquella orden ejecutiva mediante la cual se declaraba una «emergencia nacional» por la amenaza «inusual y extraordinaria» a la seguridad nacional y a la política exterior causada por la situación en Venezuela. A partir de ese momento Venezuela fue declarada una dictadura, después vendría lo de “narco-estado” y otras horribles sentencias que incluían país aliados a “terroristas de Hezbollah”. A partir de entonces jamás reconocerían ninguna victoria del chavismo, y no sólo eso, sino que le pusieron precio a la cabeza de Maduro, a la de Diosdado, y lanzaron varias incursiones terroristas con el fin de asesinar a Maduro y derrocar el gobierno. Todo eso, hasta que llegó lo del secuestro de presidente Maduro y de su esposa Cilia Flores.

[1] Fue ministro de Planificación de Venezuela y jefe de la Oficina Presidencial de Coordinación y Planificación (1992-1993) durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez.


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